Relatos Eroticos

1 Agosto 2009

Colegio.

Archivado en: Relatos de Alba — Etiquetas:, , — Txema @ 16:30

Conocía que en la mayor parte de los colegios existía una manifiesta golfería entre las madres y los padres de los alumnos y que semejante actividad aumentaba curso tras curso pero cuándo una de mis amigas me propuso que investigara y escribiera sobre el tema no pensaba encontrarme con una situación de perversión tan extrema. Después de acudir un par de veces y a distintas horas a un centro escolar, decidí recurrir a la ayuda de una de mis más ardientes y fieles amigas, María José (Marijo), cuyos hijos, Gabriela y José Ignacio, están cursando sus estudios en ese colegio que es concertado y propiedad de una congregación religiosa de monjas; se encuentra emplazado en un lugar muy céntrico y hasta hace pocos años era exclusivamente femenino aunque, en la actualidad, es mixto teniendo prioridad para ocupar plaza los hermanos varones de las alumnas matriculadas en él.

Este colegio, junto a otros dos, se hizo desgraciadamente famoso por los hechos delictivos que, durante una buena temporada, se produjeron en sus inmediaciones. A pesar de que se intentó silenciar al máximo lo que estaba sucediendo, al final acabó siendo un tema de conversación cotidiano. La realidad fue que unos grupos de jóvenes bastante numerosos se dedicaron a abordar a las madres, especialmente jóvenes y con buen tipo, una vez que, tras dejar a sus hijos en el centro escolar, se quedaban solas. Después de retenerlas contra su voluntad, las llevaban a alguna de las calles cercanas, generalmente poco transitadas, donde prácticamente las desnudaban; las realizaban todo tipo de tocamientos y las masturbaban. Les fastidiaba tener que descartar a alguna al comprobar que no era multiorgasmica, se encontraba con la regla ó su cuerpo no se ajustaba a sus expectativas pero lo más normal es que, metiéndola el miedo en el cuerpo, la hicieran ponerse bien la ropa antes de amordazarla, atarla las manos y taparla los ojos para obligarla a entrar en un vehículo en el que la llevaban hasta una caseta abandonada de reducidas dimensiones, que ninguna supo localizar, donde la volvían a desnudar y después de hacer que se acostara sobre un colchón sucio y viejo, la ataban a pies y manos a la pared para volver a tocarla repetidamente sin dejar de advertirla que tenía que avisarles cada vez que sintiera necesidad de mear ó de cagar para que impregnara su braga y otras que ellos llevaban, con su pis y llenara las copas del sujetador con su mierda. Por entonces comenzó a ser un negocio sumamente rentable comercializar con la ropa íntima femenina usada y se obtenían unos buenos ingresos si, además, tales prendas iban convenientemente empapadas en pis ó llenas de caca. La mujer estaba tan asustada que, aunque quisiera evitarlo, colaboraba con ellos y “abría el grifo” con facilidad, meándose con frecuencia y soltando, en una ó varias ocasiones, su mierda. Para ayudarla, sus agresores la masturbaban con energía al mismo tiempo que la hurgaban con fuerza en el interior del culo donde la metían todo tipo de “juguetes”, con especial predilección por las bolas chinas y los consoladores de rosca que, además, servían para dilatarla el orificio anal. Cuándo entendían que habían sacado todo el partido posible de las meadas y las cagadas de la fémina y que esta, tras haberse visto obligada a correrse varias veces, comenzaba a sentirse cansada y estaba prácticamente entregada, unos la hacían chuparles la polla, en ocasiones metiéndola al mismo tiempo dos rabos en la boca; otros la penetraban, tanto vaginal como analmente y los restantes se ocupaban de echarla cera muy caliente en las tetas, la zona pélvica y la raja del culo. A medida que sus agresores, sin dejar de insultarla, se la iban tirando se meaban y hasta algunos se cagaban encima de ella. Había veces en que la obligaban a beberse el pis mientras les chupaba la polla ó la hacían abrir bien la boca para ponerse en cuclillas encima de ella y depositar allí la caca según salía de su culo. Cuándo se cansaban y sin importarles que hiciera frío ó calor, la liberaban de las cadenas y la sacaban al exterior donde, completamente desnuda, la realizaban un montón de fotografías con primerísimos planos de todo su cuerpo, con especial atención a sus tetas, raja vaginal y culo, advirtiéndola que si comentaba algo de aquel ultraje ó de los posteriores que pudiera sufrir se ocuparían de hacer públicas las imágenes y de que sus familiares, amigos y conocidos recibieran una copia de ellas. Para que viera que la amenaza iba en serio y que estaban bien informados, la indicaban un buen número de datos personales como su nombre y apellidos, donde vivía ó con quien estaba casada. A continuación, la ataban a dos árboles con las piernas completamente abiertas para volver a tocarla y masturbarla hasta que la mujer llegaba a tener orgasmos secos momento en el que procedían a azotarla el culo hasta ponérselo como un tomate de manera que, al no poder sentarse, se acordara durante unos cuantos días y no para bien, de ellos. La sesión concluía cuándo uno de los miembros del grupo procedía a cortarla con unas tijeras los pelos púbicos y los guardaba, como si de un trofeo se tratara, en una pequeña caja de cartón que identificaba con el nombre de la fémina y dejaban que el que aún tuviera ganas ó se sintiera especialmente motivado con ella se la volviera a follar. Después de unas tres horas de continua e intensa actividad sexual, la dejaban descansar durante unos minutos y tras desatarla, la permitían regresar a la caseta para vestirse, eso sí olvidándose de su ropa interior, mientras la decían que si les denunciaba se atuviera a las consecuencias de lo que podría pasarla a su descendencia. En cuanto la volvían a amordazar, la ataban las manos y la tapaban los ojos, la metían, de nuevo, en el vehículo para llevarla hasta un lugar próximo al del inicio de su cautiverio y la liberaban. Aunque actuaban casi todos los días y en más de una ocasión fueron varias las mujeres retenidas, ninguna denunció los hechos por temor a las represalias y por vergüenza. Lo que deseaban era no verse envueltas, otra vez, en aquel suplicio puesto que a los agresores les gustaba repetir y varias veces con ciertas hembras y en su punto de mira siempre se encontraban aquellas a las que consideraban como las más cerdas al haber impregnado con su pis y su caca un mayor número de prendas íntimas y las que, a pesar de encontrarse retenidas en contra de su voluntad, habían alcanzado el clímax en más ocasiones. Pero viendo que habían alcanzado sus logros de una manera muy satisfactoria, los agresores cometieron el error de ensañarse con sus victimas lo que originó que, tras su liberación, varias mujeres precisaran recibir asistencia médica, sobre todo por desgarros tanto anales como vaginales. Pero dos ó tres hembras sufrieron lesiones de mayor importancia y aunque ellas no querían, se vieron obligadas a presentar la oportuna denuncia. Semanas más tarde se las unió otra fémina a la que habían dejado preñada después de forzarla en tres ocasiones. Cuándo, finalmente, se decidió poner vigilancia, que todavía se mantiene, en los accesos a los centros escolares afectados, los hechos eran de dominio público y los agresores ya habían empezado a desarrollar su actividad en colegios de otras provincias.

Marijo, que es una antigua alumna, me puso en antecedentes del puterío existente en el centro escolar indicándome que no todas las madres y padres que llevan a sus hijos al colegio están inmersos en ello pero que hay un creciente número de progenitores que, amparados en la formación de sus hijos, mantienen relaciones sexuales extramatrimoniales. Me comentó que, cuándo ella estudiaba en el centro escolar, eran las monjas de la propia congregación religiosa las que se encargaban de impartir las clases. Una de ellas, que daba varias asignaturas y en distintos, tenía atemorizadas a las alumnas ya que solía castigarlas físicamente y lo más atroz que las podía suceder era que la monja la tomara con ella y la obligara a permanecer durante dos horas a cuatro patas encima del estrado de la pizarra, con la falda de su uniforme levantada, sin braga y con la raja vaginal y el culo al descubierto, a la vista de sus compañeras. Pero por si aquello resultaba poco humillante, a la religiosa la gustaba acercarse a la castigada para acariciarla con su mano extendida el coño hasta que lograba que se humedeciera y se la abrieran los labios vaginales y meterla sin el menor miramiento un dedo en el culo con el que la hurgaba hasta que la provocaba la cagada ó al menos, lograba sacarlo bien impregnado en mierda, que olía y mostraba al resto de las alumnas antes de darla, con la ayuda de una larga regla, golpes en el culo hasta ponérselo bien rojo. Pero, a pesar de lo penoso que aquel castigo resultaba, las jóvenes preferían guardar silencio ya que, si hablaban, temían encontrarse con serías represalias por parte de aquella y de las demás monjas.

En la actualidad y aparte de no existir los castigos físicos, la mayoría de las asignaturas son impartidas por profesoras seglares lo que no impide que, dentro del colegio, siga existiendo actividad sexual puesto que, según conoce Marijo, dos de las seis profesoras de infantil eran lesbianas y además de pasar la mayor parte del día juntas, cuándo no las toca realizar labores de vigilancia en el patio aprovechan los recreos para encerrarse en un water con intención de verse mear, tocarse, masturbarse y comerse la almeja. Por otro lado, sabía que una de las pocas religiosas que daba clases en educación primaria se dedicaba a instruir a sus alumnos, mayormente del sexo femenino, sobre temas sexuales y aparte de que siempre usaba a un chico y una chica que “voluntariamente” se desnudaban para dejar que la monja les tocara reiteradamente y hacer todo lo que esta les decía, desarrollaba sus enseñanzas de una manera mucho más práctica que teórica haciendo que sus alumnos se bajaran la braga ó el calzoncillo y se hicieran una paja ó unos dedos delante de sus compañeros mientras ella les explicaba la forma de lograr corridas más intensas y sensaciones sumamente placenteras. Contando con la colaboración de su pareja de “voluntarios” llegaba a enseñar a utilizar condón en las sesiones sexuales que pudieran llevar a cabo, dejando que las alumnas aprendieran a ponérselo al chico que ejercía como modelo e incluso, les mostraba las distintas posiciones en que el joven podía penetrar a la cría. Era normal que la fémina de turno lograra alcanzar el clímax pero, a cuenta de su edad, la corrida masculina no solía producirse aunque más de uno se meó dentro del chocho de la chica y que cuándo la extrajo la polla la tuviera completamente tiesa.

Después de conocer aquellos antecedentes Marijo y yo decidimos aprovechar el primer día en que ambas pudiéramos para pasarlo en las instalaciones del colegio. Finalmente, quedamos un viernes pensando que, con el fin de semana por delante, era la fecha más idónea para nuestros propósitos. Marijo logró que ese día una de nuestras amigas se ocupara de las labores domesticas de su domicilio y de sus dos hijos mientras que, por mi parte, conseguí que una de mis compañeras, que me debe muchos favores, se encargara de atender mi consulta. Para poder cubrir varios frentes al mismo tiempo decidí contar a lo largo de la jornada con la inestimable ayuda de mis amigas Montse, Paloma y Sara.

A las siete y medía de la mañana estábamos en los accesos al centro escolar. Lo primero que vimos, aunque no tuviera relación con el colegio, fue a una pareja que se encontraba en cuclillas entre dos coches. Decidimos acercarnos con sigilo observando que eran muy jóvenes y que parecían volver de una fiesta universitaria en la que ambos habían bebido más de la cuenta. La joven, que se había quitado su tanga negro y lo había dejado en el techo de uno de los vehículos, mantenía su corta falda levantada y le comentaba al chico que, aunque la gustaba mucho que la acariciara la seta y la masturbara con sus dedos, no conseguía llegar al orgasmo ya que, en cuanto se excitaba, la entraban unas ganas enormes de mear. El chico la dijo que aquello tenía fácil solución y que lo que debía de hacer era echar su pis al mismo tiempo que él la acariciaba el coño. La chica no se lo pensó demasiado y formó un buen charco en el suelo con su meada. Mientras permitía que el chico la limpiara con su mano extendida, la joven apretó y unos segundos después, cayó en el suelo un largo y gordo follete de mierda. La joven, un poco avergonzada, le dijo que, también, tenía una imperiosa necesidad de cagar y después de buscar en su bolso unos pañuelos de papel y limpiarse el culo con ellos, le preguntó: “¿te has excitado al verme mear?”. El chico respondió afirmativamente aunque la indicó que no la había agradado que se cagara delante de él. Ambos se incorporaron, la joven se puso bien la falda y cogiéndole de la mano se dirigieron a una cabina de teléfonos cercana donde, colocándose de espaldas a la puerta, la cría le dijo:“bájate el pantalón y sácate la polla que voy a aliviarte el calentón”. El chico hizo lo que le decía y la joven, después de comprobar que estaba totalmente empalmado, se sujetó su falda a la cintura lo que la hizo permanecer con la almeja y el culo al aire y le movió la polla con movimientos rápidos al mismo tiempo que le acariciaba los huevos, sin dejar de decirle que quería ver como echaba la leche. En poco más de dos minutos salió un largo chorro de semen que cayó en uno de los cristales de la cabina y la cría se apresuró a ponerse en posición para que la mayor parte de la leche la cayera en el exterior del chocho diciéndole: “mójamelo bien”. La corrida del chico fue muy abundante y la joven acabó con toda su zona genital y la parte superior de las piernas impregnadas en semen. Siguió moviéndole la polla hasta que empezó a perder su erección momento en el que la joven, enfadada, le recriminó que no tuviera una mayor potencia sexual pero el chico, tras besarla, la comentó que, si tenía un poco de paciencia y seguía excitándole, en pocos minutos la tendría, de nuevo, en las debidas condiciones para volver a echar otra espléndida ración de leche. Unos instantes después la joven le dijo: “creo que me voy a volver a mear y esta vez va a ser de gusto después de ver tu corrida”. El chico se apresuró a pasarla dos dedos por la raja vaginal mientras la joven, de pie y con las piernas muy abiertas, llegaba al orgasmo y este se juntaba con su nueva meada. Marijo, Sara y yo les veíamos perfectamente y sobre todo, el culo al chico que, poniéndose de rodillas, se bebió los últimos chorros de pis antes de comerla y con sumo deleite, la seta durante varios minutos sin dejar de pedirla que se volviera a mear y que esta vez la echara el pis en su boca. Pero la cría no tenía ganas de más y el chico tampoco supo apretarla la vejiga urinaria desde el exterior para intentar que soltara una nueva meada. Lo que sí que hizo la joven fue alcanzar el clímax mientras, agarrándole con fuerza de la cabeza y del pelo, le obligaba a continuar con la boca apretada a su órgano genital y la lengua bien introducida dentro de su coño. Unos minutos más tarde y tras llegar de nuevo al orgasmo, le hizo separarse para secarse con la palma de su mano, ponerse bien la falda y el resto de la ropa antes de moverle la polla con su mano intentando, sin éxito, que se le volviera a poner tiesa. Después fue el chico el que se vistió y tras tocarla las tetas por encima de la ropa mientras la daba un largo beso en la boca, la preguntó: “¿te apetece que vayamos a algún sitio tranquilo para echarte un buen polvo?”. La chica le contestó que, a esas horas, no habría nadie en su casa y que no conocía un lugar más apropiado para que se la follara. Agarrándose de la cintura, salieron de la cabina y se dirigieron muy despacio hacia el domicilio de la joven. Al abandonar el sitio en que nos habíamos refugiado para verles, Marijo se dio cuenta de que la joven se había olvidado de su tanga, que seguía en el techo del coche. Lo cogió y después de comprobar que estaba húmedo, que olía a pis femenino y que había algunas pequeñas muestras de la caca de la joven, me lo dio para que pudiera agregarlo a mi amplia colección de prendas íntimas femeninas pero, al no haberme relacionado sexualmente con la joven, opté por tocarlo, olerlo y tirarlo a una papelera.

A partir de las ocho menos cuarto empezaron a llegar madres y padres para dejar a sus hijos en el servicio “madrugadores” del centro escolar. Su presencia fue bastante escalonada aunque, eso sí, todos iban con prisa. Alguna sonrisa de complicidad, algún “hasta luego” ó “esta tarde quedamos a la hora de costumbre” fue lo único que pudimos ver y oír durante ese periodo.

Cuándo a las nueve y cuarto se abrieron las puertas de acceso al patio del colegio observamos que la inmensa mayoría de las madres y de los padres llegaban corriendo y con el tiempo muy justo para dejar a sus hijos antes de que se cerraran las puertas de acceso a sus aulas y que, sin detenerse, volvían a salir rápidamente del patio para encaminarse, andando ó en coche, a sus ocupaciones laborales. Lo más destacable fue comprobar que las mujeres nos solemos levantar con la libido excitada y muy predispuesta para el sexo ya que, aparte de ver como algunas féminas se apresuraban a tocar sin mucho disimulo el bulto que a sus amigos masculinos se les marcaba en el pantalón, pude oír la conversación que mantuvo una pareja situada muy próxima a nosotras. La mujer, mientras el hombre no dejaba de tocarla el culo por encima de su ropa, le dijo: “querido, estoy cachonda y me gustaría que me echaras un polvo rápido”. El hombre dejó de tocarla y la contestó: “no, cariño, que siempre quieres más y no es la primera vez que llego tarde al curro a cuenta de satisfacerte; espérate y esta tarde te follo en condiciones”. La fémina, un tanto molesta, le dijo: “si no me echas ahora tu leche buscaré a otro que lo haga” y el hombre, sabiendo que aquello no era más que una amenaza, se calló y dándola un breve beso en la boca, se fue.

En el exterior del centro escolar unos cuantos hombres, de todas las edades, esperaban la salida de las hembras. Marijo me explicó que más que a las madres buscaban a las mujeres que trabajaban como asistentas y tenían a su plena disposición durante el resto de la mañana la vivienda en la que desarrollaban sus labores domesticas. A aquellos hombres no les importaba que fueran delgadas ó gordas; altas ó delgadas ó guapas ó feas. Lo único que querían era que fueran viciosas y que tuvieran ganas para poder pasar unas horas en su compañía y tirárselas cómodamente. A semejante oferta no parecía faltarle demanda, sobre todo por parte de las féminas inmigrantes, puesto que en menos de cinco minutos el grupo de hombres desapareció de aquel lugar y todos ellos con compañía. Marijo me indicó que si esas relaciones se producían de una manera tan sumamente rápida era porque la mayoría de los hombres apalabraban, al iniciarse el curso, con dos ó tres mujeres el acostarse regularmente con ellas.

El resto de la mañana fue muy tranquila. Sobre las diez menos cuarto se cerró la verja que da acceso al patio del colegio y aunque se podía acceder a él a través de la zona administrativa, sólo hubo movimiento durante los recreos y las clases de educación física que, según me explicó Marijo, era el momento idóneo para que, en el water del polideportivo, algunas alumnas mantuvieran una sesión sexual lesbica ó se dedicaran a chupar la polla a sus compañeros masculinos. Un poco antes de las doce y medía se volvió a abrir la verja y me quedé sorprendida al ver que varias féminas entraban al patio con tanta anticipación puesto que la salida de los críos no se producía hasta medía hora más tarde y se apresuraban a formar grupos, algunos bastante numerosos, en los que querían participar con sus comentarios. Más de una hacía un descanso en su trabajo para desplazarse hasta allí y poder tomar parte en los acuerdos de su grupo. Marijo me indicó que estaban intentando sacar el mejor partido posible a la tarde, desde que dejaban a sus hijos en el centro escolar hasta la hora de salida de clase, en cuyo caso disponían de dos horas ó de las actividades extraescolares lo que las permitía poder contar con tres a cuatro horas libres. Lo normal es que en aquellos grupos una sus miembros dispusiera de una vivienda desocupada, más ó menos amueblada, en la que se reunía con el resto de las féminas, que solían abonar una cantidad semanal ó mensual, con la intención de mantener, en plan discreto, sesiones sexuales de tipo lesbico, hetero, para lo que recurrían a alumnos de otros colegios ó se turnaban con ambos. Para no tener que perder tiempo por la tarde preparaban su actividad sexual por la mañana y aquel era el momento más apropiado para ello.

Con una afluencia masiva de mujeres a la hora de salida de los alumnos no se produjo ninguna situación reseñable. En los accesos al colegio pudimos ver a una pareja de policías ocupándose de regular el tráfico e impedir que se aparcara en doble fila mientras otra estaba pendiente de que no existiera tráfico de drogas cosa que, por desgracia, también se ha convertido en habitual en las inmediaciones de los centros escolares. Sobre la una y veinte se cerró, de nuevo, la verja y el patio permaneció desierto hasta que, sobre las dos y cuarto, hicieron acto de presencia, con intención de jugar, buena parte de los alumnos que realizan la comida en el centro escolar.

Comimos, a base de bocadillos, en una cafetería próxima para a las tres volver a estar ante la verja de acceso al colegio que se abrió diez minutos más tarde. Enseguida una docena, aproximadamente, de chicas muy jóvenes, vestidas en plan sexy y sugerente y dos ó tres féminas un poco más maduras tomaron posiciones en el exterior. Marijo me dijo que aquellas hembras eran el consuelo de los hombres con la polla pequeña ó con problemas de erección ó eyaculación haciendo clara referencia al desengaño que sufrió cuándo, antes de decidir someterse a mí, mantuvo relaciones, que no llegaron a durar un mes, con el padre de una compañera de su hija Gabriela. Las dos parejas de policías volvían a ocuparse de sus cometidos pero, a pesar de ser más que evidentes las intenciones de las hembras, ninguno de los agentes las prestó la menor atención. Marijo me dijo que, excepto los lunes, era normal su presencia allí, al igual que durante los fines de semana en la puerta de ciertos hipermercados y que, a menos que hubieran quedado citadas con algún cliente, no era habitual que las integrantes de cada uno de los grupos repitieran con frecuencia delante del mismo colegio. Como era de suponer, las féminas buscaban relacionarse sexualmente con padres insatisfechos y salidos y sus tarifas, que podían negociarse, iban desde los diez Euros por una paja a los cincuenta por la penetración vaginal ó anal sin condón con derecho a echarlas dos polvos pasando por quince Euros por una mamada corriéndose fuera de su boca; veinte si lo hacían dentro ó treinta por penetrarlas usando condón con derecho, asimismo, a correrse dos veces. Lógicamente, si seguían con su actividad en aquel y en otros colegios, era porque tenían aceptación.

Una vez en el interior del patio lo primero que observé fue a un grupo de cinco ó seis hombres que se colocaba debajo de la rampa de acceso al vestíbulo del colegio. Marijo me explicó que aquella posición era privilegiada para ellos ya que, mientras hacían que mantenían una muy animada conversación, podían recrear su vista mirando la parte superior de las piernas a las mujeres que, vestidas con falda, subían por la rampa llegando, incluso, a hacer apuestas sobre el color de la braga ó el tanga que la fémina llevaba. Además, los días de viento mejoraba el espectáculo puesto que allí soplaba con ganas y a menos que las faldas fueran de un grosor más que considerable, no tardaban en subírselas sin que las mujeres, que daban una de sus manos a sus hijos y llevaban en la otra la mochila ó algún libro, pudieran hacer nada por evitarlo.

Me fijé, a continuación, en el evidente nerviosismo y hasta impaciencia con el que varios padres y unas pocas madres, que habían llegado con mucha anticipación al patio, esperaban la llegada de su amante ó amigo para que mientras uno de ellos se encargaba de cuidar de los críos hasta que abrieran las puertas del vestíbulo que daba acceso a las aulas, el otro ocupara algún water en uno de los polideportivos ó una de las duchas cerradas de los vestuarios ya que sabían que estos lugares estaban muy demandados y que se ocupaban con rapidez, lo que les obligaría a hacerlo en el water existente en el patio donde hacia menos calor ó al aire libre.

Otras mujeres actuaban con mucha mayor discreción y en cuanto dejaban a sus hijos, salían del patio y se dirigían hacía algunas cafeterías próximas donde las estaban esperando sus amigos con los que tomaban un café para no tardar en dirigirse, en sus respectivos coches, hacía el domicilio de uno de ellos ó si el tiempo lo permitía, hacía algún lugar resguardado en el que mantener al aire libre su sesión sexual. Esta práctica también es habitual entre las féminas con tendencia sexual lesbica a las que, tras quedar con sus amigas en alguna cafetería, las gusta desplazarse a un cerro existente a las afueras de la capital en el que, dentro de una zona de matorrales altos, suelen reunirse las “bolleras” para llevar a cabo sus encuentros sexuales lesbicos. Las féminas, cuándo el frío no lo impide, van hasta allí con intención de hacerlo con alguna de las chicas jóvenes que suelen merodear por el lugar en busca de plan y cuándo no logran sus propósitos, se lo hacen entre ellas, allí ó en el domicilio de una de las mujeres.

Marijo me indicó que prestara atención a una hembra magnífica, que debía de andar próxima a cumplir cuarenta años, de pelo moreno con media melena, ojos marrones claros, elegantemente vestida y maquillada y sumamente atractiva, puesto que se trataba de una de las féminas más golfas del colegio. En aquel momento se encontraba “luciendo palmito y piernas”, vistiendo una falda muy corta y fina, mientras intentaba poner un poco de orden en el vestíbulo desde el que se distribuye el acceso a las aulas. A través de las explicaciones de Marijo me enteré de que esta mujer, que se llama Laura y es un miembro destacado de la junta directiva de la Asociación de madres y padres de alumnos, se había casado joven y tenía dos hijas. Al parecer, la mayor, con trece años, llevaba el mismo camino que su progenitora ya que demostraba mucho interés por todo aquello que guardara relación con el sexo. Laura se había quedado viuda hacía unos cinco años y se comentaba que su marido había fallecido bastante saturado de sexo y que en su muerte pudo influir la intensa actividad sexual que desarrollaba con Laura. La mujer tardó poco más de un año en hallar consuelo en los brazos de uno de sus cuñados, hermano de su difunto cónyuge, que se llama Tomás, está soltero, es cinco años más joven que ella y se la cepillaba casi todas las noches, con el que no tardó en irse a vivir. Aunque su marido, al morir en accidente laboral, la había dejado una buena pensión, obtenía algunos ingresos extras, que solía emplear en renovar el amplio vestuario de sus hijas y el suyo propio, colaborando con el centro escolar, sobre todo en la guardería matinal y en el comedor. Se la veía con frecuencia en los accesos al colegio fuertemente abrazada y besándose con chicos jóvenes y elegantes lo que solía aprovechar para restregar su cuerpo contra el de los varones con el propósito de comprobar las dimensiones que, a cuenta del roce, adquiría su polla. Según Marijo, su cuñado, además de ser una persona dominante, era bisexual y no tardó en lograr que Laura usara su gran atractivo físico para buscarle chicos a los que, siempre delante de ella, pudiera dar por el culo. Pero la mujer no tardó en darse cuenta de que Tomás, al igual que con los chicos, sólo mostraba interés por su trasero por lo que decidió satisfacerse con ellos en una sesión sexual previa a la que cada joven tenía que mantener con su cuñado por lo que optó por buscarles bien dotados y provistos de una más que aceptable potencia sexual. En aquel momento se conocía que andaba liada con dos jóvenes, guapos y elegantes. La información que me estaba facilitando Marijo se interrumpió al ver que Laura tenía un enfrentamiento con una de las alumnas más mayores a la que echó algo en cara y la chica, volviéndose hacía ella, la llamó cerda y puta con total claridad lo que originó que, antes de que pudieran separarlas, se enzarzaran en algo parecido a una pelea. Según Marijo era frecuente que se produjeran hechos de este tipo ya que las alumnas de mayor edad consideraban que Laura las miraba con muy malos ojos y las trataba con un claro despotismo por lo que se mostraban contrarias a que se la permitiera realizar ciertas labores de colaboración en las que no se preocupaba de otra cosa que no fuera “lucir su tipo” en busca de sexo.

Mientras tanto algunos padres y hombres ajenos al colegio aprovechaban para concretar con las hembras que ofrecían sus servicios sexuales a la entrada del centro escolar y curiosamente las que tenían una mayor demanda eran las de más edad. Algunos se habían acostumbrados a pasar por allí con el coche y hacer que un par de crías se acercaran al vehículo para que, sin el menor pudor y recato, le mostraran sus muslos, tetas y raja vaginal antes de decidir cual de ellas era la más apropiada para pasar la tarde. A la elegida la hacia subir al coche y tras tocarla un poco, se iban.

Poco a poco, el patio se fue quedando vacío y cuándo, a las cuatro menos veinticinco, se cerraba la verja de acceso fuera sólo quedaban dos jóvenes, las menos agraciadas físicamente, deseosas de mantener una relación sexual a cualquier precio. Nosotras iniciamos nuestro recorrido pensando en que no nos íbamos a encontrar con mucha actividad pero, enseguida, en un apartado rincón en el que pensaron que nadie les vería, nos dimos cuenta de que un hombre, con el pantalón y el calzoncillo en los tobillos, se estaba tirando a una joven rubia con un largo abrigo de piel y una cortísima falda. El varón se había apoyado a la pared y dejaba que la hembra fuera la que se moviera mientras intentaba dejarla las tetas al descubierto. No lo logró puesto que se corrió con mucha rapidez y la mujer, bastante indignada, le dijo: “otra vez me has echado tu leche dentro; al final me vas a dejar preñada” pero, tras aquella recriminación, se extrajo el rabo del interior de su almeja y mientras el hombre se recreaba tocando y oliendo el tanga de color rosa que la fémina había llevado puesto y que él conservaba en uno de sus bolsos, la joven se colocó en cuclillas y abriendo bien sus piernas, procedió a chuparle la polla con deleite.

Entramos en los polideportivos viendo que todos los lugares en los que era posible llevar a cabo relaciones sexuales con un mínimo de intimidad estaban ocupados. Al principio oímos algunas exclamaciones, muy pocas, de júbilo de las hembras al ver que el tamaño del miembro del hombre se ajustaba a sus expectativas mientras escuchamos muchas más de decepción. Oímos perfectamente a una mujer que le decía a su pareja: “¿con esa enanez pretendes joderme? pero si la tienes aún más pequeña que mi marido” Pocos segundos más tarde, más desnuda que vestida, decepcionada y visiblemente enfadada, una hembra que andaría próxima a los cincuenta años, abandonaba su sesión sexual gritando a su pareja: “hay te quedas porque encima de tener la polla pequeña no se te pone tiesa”. Después comenzamos a escuchar gemidos y jadeos pero todos ellos venían de sitios cerrados excepto en las duchas donde a las parejas que las ocupaban se les veía la cabeza y las piernas pero no el resto del cuerpo. Nos sentamos frente a dos jóvenes que ocupaban una de tales duchas y durante varios minutos estuvimos imaginando, sin que ello supusiera ninguna dificultad, lo que hacían antes de optar por volver, de nuevo, al patio con intención de mirar en el water allí existente donde nos encontramos de sopetón con Laura que estaba haciendo una paja a un chico joven, alto, guapo y con el pelo corto. Nuestra presencia, estaba claro, no iba a pasar desapercibida y Laura, que conocía a Marijo, nos saludó muy sonriente y nos pidió que continuáramos allí diciéndonos: “estoy segura de que a este cabrón le gustará que le veáis correrse”. Observé que la fémina, con su braga de color blanco ligeramente bajada, permitía que Jorge, que así se llamaba el chico, metiera su mano por su corta falda, para acariciarla y tocarla la raja vaginal mientras ella le movía la polla, que era de un tamaño y grosor dignos de mención. Sin dejar de incitarle a que echara la leche, le informó de que le había comprado un conjunto de ropa interior femenina en color negro y un camisón transparente sumamente sexy para que, cuándo su cuñado le diera por el culo, estuviera muy sugerente. El joven, aleccionado por Laura, empezó a agitarse e hizo todo lo humanamente posible para retener la salida de su leche. La mujer, un poco enfadada, le gritó: “suéltala ya cabrón, correte” y el chico, muy obediente, echó con todas sus ganas unos grandes chorros de leche uno de los cuales terminó en la ropa de Marijo. A Jorge le temblaban las piernas y Laura, sin dejar de moverle el rabo, le dijo: “ahora meate para que estas chicas puedan ver que la salida de tu pis resulta tan excitante como la de tu leche”. El chico no tardó en complacerla soltando una meada impresionante mientras Laura, sin perderse el menor detalle, dejaba que cayera al suelo y formara un buen charco. En cuanto acabó, le obligó a sentarse en el inodoro y quitándose la braga y la falda, se colocó en cuclillas encima de él, se introdujo la polla en el chocho tras pasársela varias veces por la raja vaginal y sentándose, comenzó a cabalgarle con movimientos rápidos diciéndole: “confío en que te portes de maravilla”. Como habíamos tenido ocasión de ver, el rabo de Jorge era descomunal y a pesar de que, al mear, perdió parte de su erección no tardó en recuperarla en el interior de la seta de Laura que, con frecuencia, se apretaba a él para continuar moviéndose con las piernas más cerradas mientras se interesaba por conocer si le quedaba mucho para correrse. Laura, para excitarle aún más, se meó mientras le cabalgaba y según le echaba el pis encima le dijo: “quiero tu leche ahora” y aunque el chico no pudo complacerla de inmediato, sí lo hizo en el momento en que Laura, tras “romper”, llegaba al clímax. La fémina le dijo: “la quiera toda, échamela dentro” mientras su cuerpo se estremecía de placer. Laura disminuyó considerablemente su ritmo y pensábamos que con aquello iba a finalizar la sesión pero mirando su reloj le dijo: “aún nos queda tiempo para otro polvo así que quiero que me mojes más” y volvió a imponer un ritmo muy rápido a su cabalgada. Nosotras estábamos muy húmedas e hicimos intención de irnos para buscar un lugar donde poder tocarnos y masturbarnos pero Laura nos pidió que siguiéramos allí para que, con nuestra presencia, el hombre se excitara aún más y la echara una mayor cantidad de leche. La mujer le dijo: “quiero que me metas tus huevazos dentro puesto que te los voy a vaciar de leche” y ciertamente que lo hizo ya que en poco más de medía hora no cesó de cabalgarle y Jorge la echó otras dos soberbias raciones de leche. La última vez, Laura le permitió echarla los primeros chorros, los más largos y abundantes y luego se levantó para que tanto nosotras como ella pudiéramos contemplar como le salía el semen, comentándonos que era un espectáculo digno de ser visto una y otra vez. En cuanto Laura se volvió a introducir vaginalmente la polla, Jorge se meó dentro del coño de la fémina y esta le regó con su pis tras alcanzar, de nuevo, el clímax. Viendo que el joven no era capaz de correrse más veces, Laura se incorporó para ponerse de pie delante de él permitiendo que la volviera a acariciar la raja vaginal antes de arrodillarse entre las piernas del chico para chuparle durante un buen rato la polla. Jorge la pidió que le cabalgara analmente pero Laura se negó alegando que para darla por el culo ya tenía bastante con su cuñado que se prodigaba en ello bastante más que en penetrarla vaginalmente.

Cuándo Laura se cansó de mamarle el rabo se levantó con intención de vestirse. La pedí que me diera su braga y la mujer, un tanto sorprendida, me preguntó que si era lesbiana. La contesté afirmativamente con la cabeza y sonriéndome, se pasó varias veces la prenda íntima por su raja vaginal, la mojó con un pequeño chorro de pis y me la entregó diciéndome: “así húmeda y oliendo a mí te gustará más”. Acto seguido, le dijo a Jorge que se vistiera y se fuera a descansar hasta las seis y cuarto, hora en que le esperaba en la vivienda de su cuñado para que tuviera tiempo de cambiarse de ropa antes de que Tomás llegara con ganas de darle por el culo. El joven se levantó y tras dejar que Marijo le tocara su aún erecto, duro y gordo rabo, se puso la ropa y salió de allí en silencio. Laura me rogó que metiera mi mano por debajo de su corta falda y la tocara la almeja. Lo hice encantada mientras Marijo se ocupaba de dejarla al descubierto sus esplendidas tetas para poder mamárselas. Laura, tras su sesión sexual con Jorge, estaba caliente y en diez minutos escasos y con sólo acariciarla el chocho, alcanzó el orgasmo en cuatro ó cinco ocasiones. Como tenía ganas de mear y no podía aguantarme más me decidí a restregar mi seta con la suya y al hacerlo llegué al clímax y eché mi pis al mismo tiempo. Aquello la encantó a Laura que me hizo continuar mientras ella lograba que Marijo se acomodara en la posición más idónea para que pudiéramos comerla el coño. Estábamos muy excitadas y en poco tiempo las tres llegamos varias veces al orgasmos para acabar turnándome en lamerla a una de ellas el ano mientras a la otra la hurgaba con dos dedos en el interior del culo, con lo que Marijo terminó cagándose. Como faltaban pocos minutos para que salieran los críos, nos vestimos y volvimos al patio donde Laura me explicó que, aprovechando que sus hijas estaban ocupadas hasta las ocho y medía asistiendo a clases de idiomas, a las seis y cuarto vestiría a Jorge en plan femenino para que cuándo, quince minutos más tarde, llegara su cuñado se lo cepillara puesto que, aunque Tomás salía de trabajar a las cinco y medía, le gustaba tomar unas cervezas con sus amigos antes de dirigirse a su casa con intención de quitarse la tensión acumulada a lo largo del día dando por el culo a un chico joven. Al hombre le agradaba que Laura estuviera presente mientras enculaba a los chicos que ella le buscaba a los que solía echarles un par de polvos dentro del culo aunque, tras soltar el primero, Tomás se sentaba para descansar y mientras se fumaba dos ó tres cigarros casi seguidos, el joven tenía que chuparle la polla durante varios minutos antes de que le volviera a penetrar. Siempre que podía y sin importarla que se corriera en su boca, Laura se ocupaba de mamarle el rabo al chico que, al final, entre su sesión sexual previa con ella y la posterior con su cuñado acababa muy escocido y despatarrado motivo por el que, para que dispusieran de tiempo para reponerse, tenía que disponer de dos ó tres jóvenes en disposición de permitir que otro hombre les diera por el culo a cambio de disfrutar de los más que evidentes atractivos sexuales de Laura que siempre intentaba mostrarse ante ellos como una mujer dominante y posesiva. Después de su sesión sexual con el joven, que solía acabar sobre las ocho, a Tomás le gustaba cenar y ver un rato la televisión hasta que, a las once, Laura y él se acostaban. Su cuñado era muy reiterativo en darla por el culo y aunque la decía que era una autentica cerda, no le importaba lo más mínimo que, durante el proceso, Laura se meara varias veces y que, con mucha más frecuencia de la que ella deseaba, no pudiera evitar liberar su esfínter y se cagara aunque, atendiendo a las continuas peticiones de Laura, se turnaba en echarla la leche dentro del culo y de la almeja además de que un día a la semana, generalmente los domingos, la penetraba exclusivamente por vía vaginal aunque dedicaba menos tiempo a aquella relación que cuándo la enculaba.

No daba tiempo para más puesto que las clases habían acabado y ella, aparte de recoger a sus hijas para llevarlas a sus clases de idiomas fuera del colegio, debía de intentar que los alumnos salieran al exterior con un cierto orden pero, antes de dejarnos, nos dijo que, como conocía a Marijo, en cuanto pudiera se pondría en contacto con ella para hablar de la posibilidad de repetir el encuentro sexual que habíamos mantenido unos minutos antes.

En el exterior, un nuevo grupo de chicas, la mayoría de ellas inmigrantes y no tan jóvenes como las de unas horas antes, había tomado posiciones para ofrecer sus servicios sexuales. Como la oferta era mucha y variada mientras que la demanda resultaba escasa, decidieron bajar sus precios con lo que una parte de ellas logró encontrar un cliente con el que pasar el resto de la tarde e incluso la noche.

Como en el momento de la salida de los alumnos es cuándo se producía el encuentro y muy poco discreto por cierto, entre las madres y los padres los hechos nos desbordaron. Por un lado, nos encontramos con los progenitores que mantienen una relación más ó menos estable desde cursos anteriores y que lo tienen todo programado para que, tras permitirles correr por el patio unos minutos, sus hijos afronten, durante hora y medía ó dos, determinadas actividades extraescolares como estudiar inglés ó informática ó participar en clases de danza, patinaje ó deportivas para que, al terminar y hasta las ocho en que sus progenitores les recogen, comiencen a hacer su tarea en la biblioteca del centro escolar. De esta forma disponen de dos horas para mantener su relación sexual para la que contaban con un lugar en donde llevarla a cabo y lo tenían todo controlado hasta el punto de conocer cuándo se producían los días fértiles de la mujer para utilizar condón sólo en esas fechas.

Por otro lado, están los que buscan relaciones esporádicas y sin el menor compromiso con una misma persona pero que no suelen tener programados sus encuentros y cuándo estos se producen, se ven obligados a confiar en otros progenitores ó amigos para que, discretamente, se ocupen de sus hijos ó les dejan hasta las ocho en la biblioteca. Estos también suelen disponer de sitio en el que mantener sus contactos sexuales.

Y finalmente, están los que buscan un encuentro casual, un ligue, que puede repetirse ó no y que suelen ser los más problemáticos puesto que, en muchos casos, tienen que pensar en lo que hacen con sus hijos y en donde llevar a cabo su relación sexual para lo que suelen recurrir a un descampado; al interior de uno de sus coches ó a las instalaciones públicas del colegio. Pero ello no parece ocasionarles el menor contratiempo puesto que, como Marijo me hizo ver, mientras los hombres demuestran sus deseos sexuales con sus miradas a la sección femenina, la mayoría de las mujeres tienen una forma bastante singular de indicarles que están insatisfechas y deseosas de una buena polla ya que, siempre con suma elegancia, visten ropa muy ajustada, vestidos escotados ó faldas cortas llegándose hasta el extremo de que a algunas y no sólo madres puesto que también sucede entre las abuelas más jóvenes, solamente las falta proclamar a gritos su imperiosa necesidad sexual. Por lo que pude ver, las más guarras, morbosas y viciosas son las hembras un poco entradas en años que, a base de maquillaje y de vestirse en un plan muy juvenil, intentan aparentar menos edad de la que realmente tienen.

Buena parte de las madres y de los padres se limitan a recoger a sus hijos y se van con ellos pero, aunque no tomen parte en la actividad sexual que se desarrolla al amparo del colegio, la consienten. Me llamó la atención ver el revuelo que en torno a las seis, al empezar las actividades extraescolares, se montó entre los que buscaban relaciones sexuales casuales para encontrar un lugar en las instalaciones del centro escolar en el que poder llevar a cabo su propósito de una manera íntima y como varias parejas, al no dar con el sitio adecuado, salían apresuradamente del patio para coger su coche e irse a donde uno de los integrantes de la pareja había pensado. Marijo y yo, tras atravesar el patio, hicimos una nueva visita a los polideportivos pero, como había sucedido horas antes, sin mucho éxito. Escuchamos gemir y jadear y ciertas palabras entrecortadas como “chúpamela”; “correte ahora”; “eres un cabronazo” y “métemela más” pero todos habían logrado que su relación fuera lo más íntima posible y que nadie les interrumpiera. Las duchas estaban vacías y en el water del patio sólo había una pareja. Desnudos de cintura para abajo, el hombre permanecía sentado en el inodoro mientras la mujer, que se estaba cagando y expulsó un par de gordos folletes que cayeron al suelo, permanecía sentada sobre él y le cabalgaba. Al acabar de echar la mierda la mujer se incorporó con intención de cabalgar analmente al hombre aprovechándose de que, al estar su ano dilatado, la podía introducir mucho mejor la polla. En aquel instante la fémina nos vio y empezó a llamarnos guarras, mironas y zorras mientras el hombre, desconociendo si habíamos visto mucho ó poco, nos decía que si teníamos ganas nos acercáramos a él ya que tenía leche como para satisfacernos a las tres. Salimos precipitadamente del water y decidimos centrarnos en lo que pudiera suceder al aire libre en el patio pero lo único destacable que vimos fue a una pareja de alumnos que, sentados en unas escaleras, se estaba abrazando y besando. Al cabo de un buen rato, el chico logró que la joven abriera las piernas y desabrochándola el pantalón, la metió la mano derecha pero no tardó en extraérsela. Ambos se levantaron y tras ponerse la chica bien el pantalón, salieron del patio agarrados por la cintura.

A partir de las siete y media las madres y los padres empezaron a llegar para recoger a sus hijos tras finalizar sus actividades extraescolares. Aparte del lógico desgaste de la sesión sexual, había que hacer la tarea, bañarles y darles de cenar por lo que nadie se entretenía. Hicimos un recorrido por los distintos lugares que habían utilizado las parejas para sus contactos sexuales. A pesar de que en cada water había un cartel pidiendo que se conservase decoroso y limpio lo que vimos fue realmente lamentable ya que en todos ellos nos encontramos con condones y sus cajas; bragas y tangas llenas de pis y de leche tiradas en los rincones; meadas y cagadas en el suelo e incluso, varios chorros de semen en los azulejos. A última hora y corriendo llegaron los padres que habían estado más ocupados con su actividad sexual. Pasaban varios minutos de las ocho cuándo varias parejas atravesaron corriendo el patio para recoger a sus hijos y en algunos resultaba evidente que no habían dispuesto de tiempo para vestirse debidamente. Varias féminas, aparte de que el movimiento de sus tetas denotaba que iban sin sujetador, llevaban la falda torcida ó al revés mientras que un par de hombres aparecieron descamisados y con el cinturón sin apretar mientras otro llegaba despeinado y con la cremallera del pantalón bajada. Durante unos minutos sólo vimos descontrol y prisa. Finalmente, cerca de las ocho y medía y después de comprobar que no quedaba ningún alumno en el interior del centro escolar, se cerró la verja de manera definitiva por aquel día. Esta vez fuimos nosotras las que tuvimos que correr para no quedarnos encerradas puesto que, a esa hora, tampoco nos iba a ser posible salir por la zona administrativa.

Al día siguiente, sábado, Laura llamó a Marijo con el propósito de, como nos había dicho, evitar que lo acontecido entre nosotras la tarde anterior quedara en el olvido y ver la posibilidad de repetirlo. Mi amiga se apresuró a informarla de su situación diciéndola que, al igual que varias féminas de diversas edades, formaba parte de mi grupo de obedientes y sumisas amigas, siempre en buena disposición para cualquier relación sexual lesbica conmigo ó entre ellas. Pero, como la pareció que no la prestaba demasiada atención y que lo que Laura realmente buscaba y necesitaba era hablar para desahogarse, se calló y dejó que la contara que, a pesar de su carácter alegre y desenfadado, estaba triste y bastante harta del sexo, al menos en plan hetero así como de que la miraran y la señalaran como una autentica golfa. Por lo que se explicó, en la convivencia con su cuñado no había más que sexo, sobre todo anal y era evidente que aquella relación no daba más de si y tenía que finalizar cuanto antes. A Laura no la hubiera importado, aunque su actividad sexual se limitara a darla por el culo, que Tomás lo hiciera sólo con ella pero es que, además de verse obligada a buscarle a los hombres a los que penetraba analmente, su cuñado mantenía relaciones sexuales esporádicas con dos compañeras de trabajo y con estas, aunque también las daba por el culo, se prodigaba bastante más que con ella en penetrarlas vaginalmente. Además temía que, en cuanto fueran un poco más mayores, Tomás iba a querer dar por el culo a sus dos hijas y como ya evidenciaba cierto interés sexual por Lorena, la mayor, llevaba una buena temporada con la idea de dejarle y regresar a su domicilio con sus hijas pero sin haber tenido el suficiente coraje y valor para dar semejante paso. Nuestra corta pero intensa relación sexual de la tarde anterior había logrado darla fuerzas para afrontar su propósito de inmediato. Además, había podido comprobar que la costaba mucho menos “romper” mediante el sexo lesbico y que, aparte de hacerlo en varias ocasiones, llegaba al orgasmo con mayor rapidez e intensidad por lo que prefería convertirse en una lesbiana guarra y viciosa que en una puta. Marijo la interrumpió para explicarla que si lo que quería era asegurarse una actividad sexual frecuente en plan lesbico lo mejor que podía hacer era entregarse a mí y la habló de la posibilidad de hacer que sus hijas, aunque de momento sólo fuera la mayor, comenzaran a disfrutar del sexo relacionándose con otras féminas. A medida que Marijo la ampliaba la información Laura se mostraba mucho más interesada. Finalmente, la indicó que para entrar a formar parte de mi grupo de amigos debía de cumplir con una serie de condiciones y requisitos por lo que en un par de horas y si realmente estaba interesada, Sara, mi mano derecha, se pondría en contacto con ella y la informaría de todo. Laura accedió y al acabar su conversación, Marijo me llamó para ponerme en antecedentes sabiendo que consideraba a la fémina como una buena “yegua” que podía darnos un resultado fabuloso en el grupo. Después de pensarlo, decidí ofrecerla varias posibilidades para demostrarme su lealtad que, más tarde, comenté con Sara que, a su vez, trasladó a Laura. Esta última, tras pensar en las distintas alternativas que la ofrecí, decidió entregarme seis mil Euros como muestra de su fidelidad y la de su hija mayor, Lorena, además de garantizarme por escrito que Leticia, su hija pequeña, entraría en el grupo en cuanto llegara a la pubertad. La única condición que me señaló fue que tuviera en cuenta que tenía dos hijas a las que atender y que prefería mantener sus relaciones sexuales cuándo ellas no estuvieran en casa ó por la noche, en su domicilio, mientras las crías dormían.

Laura decidió que al día siguiente, domingo, iba a terminar su convivencia con su cuñado pero Tomás no se lo puso nada fácil. Mientras los demás días festivos solía pasar la mayor parte de la mañana con sus amigos, ese día se quedó en casa y tras Laura, a la que no dejaba ni a sol y sombra, para bajarla la braga e intentar darla por el culo. La mujer se enfadó mucho con él ya que quería mantener a sus hijas apartadas de su actividad sexual y una de las veces, Leticia estuvo a punto de pillarles. Su cuñado se calmó cuándo consiguió que, en el water y colocada a cuatro patas, Laura le dejara tocarle las tetas, apretárselas y tirar de ellas como si la ordeñara. Por la tarde, la mujer hizo que Lorena y Leticia fueran a casa de una vecina para pasar la tarde jugando con las hijas de esta última. “Al menos mis hijas ya están fuera” pensó. En cuanto las crías se fueron, Tomás se abalanzó sobre ella y poniéndose muy violento, la fue desgarrando la ropa mientras la empujaba hacia el dormitorio donde la hizo tumbarse boca abajo en la cama y abrir todo lo que pudo las piernas. “No veas como te deseo” la dijo mientras se desnudaba con rapidez para colocarla su erecta, larga y gorda polla en el ano e ir metiéndosela entera según se iba echando sobre ella. “Me vas a demostrar lo golfa que eres, con tus corridas, meadas y cagadas” la comentó al mismo tiempo que procedía a encularla con movimientos rápidos. No tardó en meterla la abertura del rabo en su intestino mientras ella era incapaz de retener la salida de su pis y de su caca. Su cuñado, era evidente, que estaba fuera de sí y Laura lo que más deseaba es que aquello acabara cuanto antes puesto que, a pesar de que estaba acostumbrada, en aquella ocasión la estaba haciendo mucho daño pero Tomas, especialmente motivado y disfrutando a tope del acto sexual, la echó tres grandes raciones de leche y una larga meada en el interior del culo durante las casi dos horas en que permaneció con su polla dentro de su trasero. Cuándo, por fin, se la sacó, Laura se sentía tan dolorida y humillada que, volviéndose hacía él, le dijo que deseaba volver a residir en su domicilio en compañía de sus hijas y olvidarse de toda actividad sexual de tipo hetero lo que llevaba consigo el dejar de buscarle chicos jóvenes a los que poder encular. El hombre se puso como una autentica fiera, la pegó varias veces, la quiso estrangular y a pesar de la resistencia que opuso Laura, la volvió a penetrar analmente diciéndola: “te lo voy a desgarrar por puta”. Varias vecinas escucharon los gritos de auxilio de la mujer mientras Tomas, sin dejar de darla por el culo y de insultarla, pretendía quemarla el clítoris y los pezones con un cigarro y una de ellas llamó a la policía. Una pareja de agentes se personaron con rapidez y sacaron a Laura más desnuda que vestida del domicilio de su cuñado que no dejaba de gritar: “te juro que de esta te vas a acordar el resto de tu vida”. Laura, después de vestirse en casa de una vecina y recoger a sus hijas, decidió no presentar ninguna denuncia contra Tomás. Muy nerviosa y temiendo encontrarse con cualquier represalia de su cuñado, optó por aceptar el ofrecimiento de Marijo para, en compañía de sus hijas, alojarse dos ó tres días en su domicilio. A la mañana siguiente y contando con la ayuda de varias de mis amigas, aprovechó que el hombre estaba trabajando y no había dispuesto de tiempo material para cambiar las cerraduras, para recoger y llevarse a su vivienda los distintos enseres y objetos, tanto de sus hijas como de ella, que tenía en casa de Tomás. Aún está ocupada poniéndolo todo en orden aunque no por ello se olvidó de entregarme el miércoles la cantidad acordaba y su compromiso escrito de que su hija menor, que actualmente tiene nueve años, entrará a formar parte de mi grupo de amigas en cuanto tenga una mínima edad para ello. Contando con la colaboración de mis amigas, Laura y sus hijas permanecieron acompañadas de día y de noche en su casa mientras preparábamos todo para que el viernes siguiente pasara la noche conmigo en su domicilio mientras que el sábado Marijo se ofreció a acompañarla para que, en mi casa, pudiera ocuparme de estrenar a Lorena. Laura estaba deseando que llegara aquel momento pero el jueves, a última hora de la tarde, tuvo la desgracia de que Leticia se cayera en un parque infantil y se rompiera la muñeca derecha. La pobre cría, después de ser sometida a tres complejas operaciones en cinco días para colocar en su sitio a sus maltrechos huesos, todavía sigue hospitalizada y Laura se encuentra a la espera de que la den de alta para, una vez en su casa y más tranquila, empezar su actividad sexual con mis amigas y conmigo.

A la semana siguiente Marijo, por obligación ya que aprovechaba para llevar y recoger a sus hijos y yo volvimos al colegio, tanto a la hora de la entrada como de la salida de los alumnos, otras dos veces por la tarde. No observamos nada nuevo en relación a lo acontecido el viernes anterior y aparte de que echar en falta la actividad sexual que desarrollaba Laura, ni en el water existente en el patio ni al aire libre se llevó a cabo ninguna relación ya que las distintas parejas encontraron acomodo en los lugares en que podían tener una mayor intimidad y lo más significativo fue ver desplazarse hasta un water público existente cerca de la puerta de acceso al centro escolar con el pantalón y el tanga en las rodillas, a una joven emigrante de raza negra que se encontraba buscando plan en el exterior acompañada de un hombre cojo con más de cincuenta años que no dejaba de acariciarla la raja vaginal y de tocarla el culo. La chica, al llegar a la puerta del water, no pudo aguantar más y soltó su pis empapando el pantalón y el tanga mientras el hombre la decía: “así me gusta, puta”.

En vista de que la situación se mantenía sin cambios y aunque a través de mi amiga Catherine (Cati), que antes de unirse a mi agrupación de amigas había pertenecido a uno de estos grupos que comenzó siendo lesbico y acabó centrado en el sexo hetero, conocía como se desarrollaban sus encuentros sexuales decidí intentar obtener información al respecto de alguna de las féminas que formaban parte de tales grupos y se reunían por la tarde con fines sexuales de tipo lesbico, hetero ó ambos, encontrándome con el mayor hermetismo. Una madre muy joven me dijo que, si tanto interés tenía, pagara la cuota de inscripción y la mensual y entrara a formar parte del grupo que más me interesara. Aquello me hizo pensar en que la posibilidad de que Laura se uniera a una de estas asociaciones, previo pago de las oportunas cuotas, pero estaba desbordada con la hospitalización de su hija por lo que decidí probar a una joven estudiante que formaba parte de las candidatas a someterse. La chica, a pesar de su buena voluntad por complacerme, no tardó en abandonarlo ya que a ella la gustaba el sexo guarro y sucio y allí sólo había un grupo de mujeres sumamente finas y recatadas que empezaron a discriminarla y a llamarla cerda y meona desde que el primer día se hizo pis encima de dos de ellas a las que tal cosa las repugnó.

Pero, una vez más, fue Laura la que conociendo muy bien todo lo que ha acontecido y acontece dentro del colegio me indicó varios acontecimientos que se habían originado en torno al centro escolar para que, completando su información, pudiera investigarlos y más tarde, escribir sobre ellos. De todos los que nos propuso, Marijo, Montse, Paloma, Sara y yo decidimos quedarnos con tres.

La primera historia se centra en María Cristina (Cristi) una de las profesoras seglares con las que, desde hace muchos años, cuenta el colegio. Cristi, en la actualidad, es una mujer cercana a los cuarenta años, de estatura normal, delgada, rubia, agradable y atractiva que contrajo matrimonio en cuanto terminó su carrera de maestra y aunque su actividad sexual con Ricardo, su marido, fue muy activa, frecuente e intensa no tuvieron hijos. Pero Ricardo padecía determinadas dolencias cardiacas que, al ser una persona reacia a acudir a los médicos, no controlaba. Una noche después de haberla echado, como tenían por costumbre, su leche en el interior del chocho en dos ocasiones, empezó a sentirse mal. Diciendo que tenía ganas de devolver, se levantó para ir al water a donde no llegó puesto que cayó fulminado en el pasillo. La manera en que murió, al parecer a consecuencia de un infarto de miocardio que le pudo ocasionar la excitación propia del acto sexual, la causó un trauma bastante severo y aunque se lo aconsejaron, decidió no buscar ayuda psiquiátrica para superarlo. Sabía que lo mejor que podía hacer, ya que aún se encontraba en edad de merecer, era rehacer su vida pero cada día sentía menos atracción por los hombres y más por las mujeres. Además, su deseo sexual decreció considerablemente con la muerte de Ricardo y cuándo lo fue recobrando, la gustaba hacerse unos dedos, acostada en la cama con las piernas muy abiertas, hasta que, tras alcanzar varias veces el clímax, era incapaz de retener la salida de su pis. Pensó que lo más adecuado para su deseo sexual y situación era relacionarse sexualmente con otras féminas pero a sus treinta y cinco años y siendo viuda, no se planteó el acudir a los lugares de ambiente lesbico ni la resultaba fácil iniciar nuevas amistades que pudieran llevarla a su propósito. Contaba entre sus amigas con varias mujeres viudas pero, aunque todas ellas demostraban que todavía tenían determinadas inquietudes sexuales, la superaban con creces en edad y al no gustarla ninguna, tampoco pensó en llegar a relacionarse con ellas. Disponía de otras dos amigas de, poco más ó menos, su edad pero ambas estaban felizmente casadas ó al menos eso la decían ellas y aparte de que sus ocupaciones laborales y familiares las impedían verse con frecuencia, Cristi, conociéndolas, consideró que si las hablaba de la posibilidad de mantener encuentros sexuales lesbicos se escandalizarían y romperían una amistad que había perdurado durante muchos años. Con la que sí que se decidió a hablarlo fue con María Luisa (Marisa), una antigua amiga de su marido que seguía soltera, con la que siempre se había llevado muy bien y esta accedió a ello pero ambas querían disfrutar del cuerpo de la otra y sus sesiones sexuales no eran todo lo satisfactorias que Cristi pretendía. Además a Marisa la agradaba ponerla enemas para provocarla la cagada pero la molestaba y mucho que Cristi fuera tan meona y que, en cuanto llegaba tres ó cuatro veces al clímax, fuera incapaz de controlar la salida de su pis y la mojara con él lo que hizo que la relación no durara mucho.

Al iniciarse el curso escolar y sin proponérselo, había encontrado lo que buscaba en una novicia que acababa de entrar en la congregación. A la monja la agradaba que la profesora la diera placer mientras Cristi, muy excitada, llegaba una y otra vez al clímax sin necesidad de tocarse hasta que, cuándo no podía más, se echaba encima de María de los Angeles (Nines), que así se llamaba la futura religiosa, para frotar enérgicamente su seta contra la de ella mientras Cristi, después de un nuevo, intenso y rápido orgasmo, se meaba copiosamente. A Nines la agradaba mucho que la mojara con su pis y cada vez que lo hacía, se corría. Aunque, por suerte, la joven no había profesado aún sus votos y no se veía obligada a poner en conocimiento de la congregación su relación sexual, Cristi era consciente de que aquello no podía durar demasiado ya que tanto Nines como ella se estaban jugando mucho por lo que, de común acuerdo, decidieron reducir la frecuencia de su relación sexual lo que originó que la joven tuviera que masturbarse todos los días para disminuir su apetito sexual. Un día una de las monjas la sorprendió en el water en plena faena y antes de que aquello fuera de dominio público en la congregación, Nines, sin hacer mención a su relación con Cristi, decidió hablar con la superiora de su inquietud sexual y de su deseo de abandonar el noviciado para volver a la vida seglar.

Cuándo Nines abandonó la congregación sin decirla nada ni despedirse, Cristi empezó a fijarse en una de sus alumnas, Jazmín, a la que daba varias asignaturas. La chica era alta, delgada y morena y la profesora llegó a obsesionarse de tal manera que, aparte de soñar con la joven, se masturbaba casi todos las noches pensando en ella. Pero, una vez más, no tenía valor para decirla nada. Se pasó medio año completamente salida hasta que, unos días antes de que terminara el curso, en la tradicional cena que se celebraba como parte de la fiesta de despedida, Cristi compartió mesa y mantel con Jazmín y otras dos de sus alumnas, Elena e Iris. La cena iba transcurriendo en un ambiente muy distendido hasta que, después de contarse un montón de chistes, Jazmín dijo que tenía que ir al water puesto que estaba a punto de mearse de tanto reírse y Cristi se ofreció a acompañarla. Por el pasillo la mujer pensó que si no aprovechaba aquella ocasión perdería a la chica para siempre así que, armándose de valor, la dijo: “¿sabes Jazmín que además de un nombre muy bonito tienes un culo precioso?”. La chica no se sorprendió y sonriendo la respondió: “¿de verdad?, pues te aseguro que está muy poco valorado ¿te gustaría vérmelo?”. Cristi, un poco cortada, la contestó afirmativamente con la cabeza y ambas entraron en el water eligiendo un compartimiento en el que se encerraron. Jazmín se quitó el ceñido pantalón de color blanco que llevaba puesto y el tanga, asimismo, blanco y doblándose la ofreció su trasero. Cristi, tras ponerse en cuclillas, consideró que aquello era el no da más puesto que tenía delante de sus ojos el abierto coño de la joven y su culo. Se dedicó a mirarlos en silencio antes de decidirse a tocarla la masa glútea y pasarla la lengua tanto por la raja vaginal como por la del culo con lo que logró que Jazmín se excitara rápidamente. La chica la recordó que si había acudido allí era para mear y Cristi la contestó que podía hacerlo cuándo quisiera ya que la encantaría ver salir el pis de su almeja. Para que la joven no pudiera retener mucho más tiempo su meada la abrió con dos de sus dedos los labios vaginales y la apretó la vejiga urinaria desde el exterior. Jazmín la gritó: “no sigas, que me meo” casi al mismo tiempo que echaba su primer chorro de pis. Cristi, al verlo, se apresuró a levantarse la falda y oprimiendo con más fuerza la vejiga urinaria la dijo: “échamelo, quiero que me mojes”. La chica no pudo aguantar más y soltó una abundante y larga meada al más puro estilo fuente que fue cayendo en la braga y las piernas de Cristi que, de esta manera, alcanzó su primer orgasmo. En cuanto la joven acabó, la profesora la metió dos dedos en su húmedo chocho y la masturbó enérgicamente al mismo tiempo que la introducía su lengua en el ano. A Jazmín nunca la habían lamido tal orificio y Cristi la estaba poniendo muy caliente. La joven se corrió con los dedos de la mujer introducidos en su seta pero, al ver que la chica había llegado al clímax, Cristi decidió sacárselos para dedicarse a comerla el coño mientras, tras introducírselos por completo en el ano, la hurgaba con dos dedos en el culo. Jazmín empezó a disfrutar de un orgasmo tras otro, incluso seguidos y sin dejar de colaborar hasta que, sin avisar, se volvió a mear y esta vez la echó su pis a Cristi, que se había corrido tantas veces como la joven, en la boca antes de decirla: “Dios mío, con tanto hurgarme en el culo estás logrando que me cague” y en efecto, Jazmín había liberado por completo su esfínter y en cuanto la profesora la sacó los dedos, soltó un buen follete de mierda que Cristi recogió en sus manos, miró y olió antes de que Jazmín la dijera: “sácame más; por favor sigue hurgándome, que me gusta”. Cristi la metió otra vez los dos dedos mientras Jazmín, que “había abierto el grifo” y no dejaba de echar pequeños chorros de pis, mantenía bien abiertos los labios vaginales con sus propios dedos. “Me hurgas en el culo y me corro de gusto por la almeja” la dijo antes de que los dedos de Cristi se impregnaran en la caca de la joven a la que forzó con toda su energía un poco más para que, al sacárselos, expulsara un montón de mierda totalmente amarilla y líquida entre una sonora colección de pedos al mismo tiempo que Jazmín sentía un descomunal orgasmo. “No sé como me lo has hecho pero te aseguro que nunca había cagado tan a gusto; eres maravillosa” la dijo la joven mientras Cristi se afanaba en pasarla la lengua por el ano para limpiárselo. En cuanto Cristi se puso en pie, Jazmín la abrazó y la besó hasta que se dieron cuenta de que llevaban bastante tiempo allí encerradas y Elena e Iris las estarían esperando muy impacientes en la mesa. Jazmín se vistió mientras Cristi se quitaba su braga, completamente empapada en el pis de la joven y en el suyo puesto que también se había meado y tras introducirla en una bolsa de plástico, la guardó en su bolso. Jazmín la subió la falda y la tocó el chocho. “Que húmedo y que rico está” la dijo antes de proponerla que, tras la cena, la entregara como recuerdo su húmeda braga y pasaran juntas el resto de la noche en casa de Cristi. Al volver a la mesa las otras dos alumnas las preguntaron por los motivos de su tardanza. Jazmín dijo: “hemos estado hablando y tras el pis ambas hemos hecho pas y eso lleva más tiempo ya que hay que apretar”. Entre risas de las cuatro el tema quedó zanjado para centrarse en hablar de los novios que las demás alumnas adjudicaban a las tres jóvenes. Jazmín se apresuró a decir que, aunque estaba saliendo con un chico, no se le podía considerar como su novio. Iris quería saber más sobre su relación sexual y ante la insistencia de su compañera, la joven comentó que todavía no se había acostado con él aunque reconoció que le hacía pajas y le chupaba la polla al igual que él se ocupaba regularmente de hacerla unos dedos y de comerla la seta. En los postres Jazmín tuvo que abandonar la mesa precipitadamente. Cuándo, varios minutos después, regresó Iris la preguntó: “¿otra vez has hecho pas?; “¿tienes diarrea?” y Jazmín, que no deseaba dar explicaciones, la contestó: “si, eso parece”.

Concluida la cena Cristi y Jazmín se ocuparon de que la sobremesa no durara demasiado sobre todo porque la joven necesitaba acudir al water con frecuencia para seguir vaciando su intestino. De camino hacía la casa de Cristi, Jazmín la comentó que desde que había estado con ella en el water no había dejado de echar flujo; que, a cuenta de la gran cantidad de veces que se había corrido, no controlaba la salida de su pis y que a cuenta de aquella incontinencia urinaria tenía el tanga completamente empapado además de que lo había manchado de caca cuándo, en los postres, había ido al water puesto que no la había dado tiempo a llegar y se la había salido un poco antes de estar en disposición de defecar. Pero lo peor era que la humedad traspasaba el tanga y había formado una buena mancha en su pantalón blanco que, aunque al ser de noche podía disimular, era visible tanto en su entrepierna como en la parte delantera y trasera de la prenda.

Cuándo llegaron a casa de Cristi, Jazmín fue y nuevamente con prisas, al water. Aunque aquello era una consecuencia de que, por primera vez en su vida, la hubieran lamido el ano y hurgado en el interior del culo, la fastidiaba que pudiera dar al traste con lo que pretendía que fuera una noche de desenfreno sexual lesbico a pesar de que sus fuerzas estaban bastante mermadas, después de las veces que se había corrido en el water del restaurante y por los efectos de la diarrea. Cristi la acompañó mientras permaneció sentada en el “trono” sin dejar de acariciarla el pelo y besarla y Jazmín la dijo que, a pesar de semejante contratiempo, deseaba repetirlo. En cuanto entraron en la habitación de Cristi, se desnudaron y Jazmín se acostó boca arriba en la cama bien abierta de piernas para permitir que la mujer, sentándose a su lado, la pudiera acariciar su húmeda raja vaginal antes de meterla tres dedos y masturbarla. En cinco minutos escasos Jazmín había tenido tres orgasmos y del intensísimo placer que sentía había dejado de controlar su cuerpo. Echaba chorros de pis y pequeñas cantidad de mierda sin enterarse mientras Cristi, muy complacida, continuaba con su cometido. A Jazmín la hubiera gustado que la volviera a lamer el ano y la hurgara, de nuevo, dentro del culo pero era consciente de que, si lo hacía, se la iba a intensificar aún más la diarrea y aparte de que estaba ensuciando la cama, bastante mal lo había pasado hasta aquel momento. Cristi, viendo que a la joven la venía un nuevo orgasmo, se tumbó entre las abiertas piernas de Jazmín y la comió el coño. La chica alcanzó el clímax de inmediato y aparte de levantar el culo, junto a la salida masiva de su flujo echó un par de buenos chorros de pis y un poco de mierda líquida. Cristi se bebió todo lo que salió por delante antes de percatarse de que Jazmín se estaba quedando sin fuerzas por lo que decidió sacarla los dedos y echarse sobre ella para restregar su almeja contra la de la joven al mismo tiempo que frotaban sus tetas, Jazmín la apretaba con fuerza cogiéndola de la masa glútea y se besaban. Cristi se meó encima de la joven que se corrió y la pidió que no dejara de mojarla con su pis unos instantes antes de llegar, una vez más, al clímax mientras los orgasmos de Cristi se producían con una frecuencia e intensidad increíbles hasta que, tras disfrutar de dos prácticamente seguidos, volvió a mearse. Jazmín se encontraba agotada pero todo el cuerpo se la agitó y convulsionó al notar que la caía encima la nueva, abundante, caliente y larga meada de Cristi. La joven sintió mucho gusto y en pleno orgasmo, echó una gran cantidad de pis. La profesora se dio cuenta de que la chica se había vaciado y al que, al no ser capaz de más, necesitaba descansar por lo que, incorporándose, la volvió a acariciar su cada vez más mojado chocho. Jazmín, tras volverse a cagar en la cama, se durmió mientras Cristi la pasaba dos de sus dedos por la raja vaginal.

A la mañana siguiente Jazmín, aunque estaba muy contenta, se encontraba cansada y tuvo que pasar el día en casa de Cristi ya que la diarrea la impedía salir a la calle. Su mayor consuelo fue poder disfrutar de la húmeda braga que la profesora se había quitado la noche anterior en el water del restaurante que no dejó de tocar, oler y pasarse repetidamente por la raja vaginal. Después de una dieta blanda y de una siesta, los efectos devastadores de la salida frecuente y masiva de su mierda fueron remitiendo. Por la noche estaba mucho mejor aunque su incontinencia urinaria se había agravado. A pesar de que consideraba que estaba en condiciones de llevar a cabo un nuevo contacto sexual, Cristi se negó diciéndola que no quería que empeorara. Jazmín, temiendo mearse en la cama a cuenta de que no dejaba de salírsela el pis, durmió poco pero a la mañana siguiente volvió al colegio. A sus compañeras se limitó a decirlas que había estado con una diarrea muy intensa que la provocó algo en mal estado que comió en la cena que habían tenido dos días antes. Aquella noche y las siguientes hasta que acabó el curso volvió a mantener una nueva sesión sexual con Cristi.

Cuándo Jazmín se fue a pasar el verano con sus padres se despidió de Cristi diciéndola que durante aquel periodo iba a decidir si continuaba con su supuesto novio ó iniciaba una relación estable en toda regla con ella. A Cristi, a pesar de que su contacto telefónico era constante, ese verano se la hizo interminable. Cuándo Jazmín volvió para iniciar su primer curso universitario la dijo: “este verano mi novio me ha penetrado un par de veces y…”. Cristi pensaba que la daba algo a cuenta de su desasosiego por conocer la decisión de la joven y la inquirió a seguir pero Jazmín se lo tomó con calma hasta que la comentó: “… y como no me agradó que me metiera su polla ni que me llenara la seta de leche he decidido ser sólo para ti”. Desde aquel día y ya hace varios años, viven juntas y se entienden de maravilla y mientras Cristi sigue dando clases en el colegio, Jazmín terminó sus estudios de magisterio y ocupa una plaza fija en un instituto. Uno de sus últimos proyectos es que la joven tenga un hijo mediante la inseminación artificial lo que ha motivado que, al menos durante el periodo de fertilización de sus ovarios, se haya convertido en una de mis pacientes. No quiero acabar su historia sin agradecerlas públicamente su gran ayuda y colaboración para poderla completar.

La segunda narración tiene como protagonista a Silvia, una joven alta, delgada y morena con un cuerpo de lo más apetecible pero con una nariz demasiado pronunciada que no la favorece. Acababa de terminar sus estudios en el colegio cuándo, con dieciocho años recién cumplidos, decidió entrar a formar parte de un grupo que facilitaba la práctica sexual de tipo hetero. En poco tiempo los hombres que diariamente se la tiraban la hicieron olvidarse de su pudor y recato y la convirtieron en una ninfómana muy guarra que, en cuanto llegaba a su tercer orgasmo, liberaba con suma facilidad su esfínter y no dejaba de echar chorros de pis mientras se la follaban hasta culminar vaciando su vejiga urinaria con un par de abundantes, espectaculares y largas meadas y su intestino con una buena y placentera cagada. Conoció a un joven con el que, desde el primer día, mantuvo relaciones sexuales. Un mes más tarde abandonó sus estudios universitarios y la casa amueblada que, en alquiler, ocupaba para irse a vivir con él. Poco después decidió prescindir de sus pelos púbicos, lo que entonces no era muy frecuente y olvidarse de los anticonceptivos ya que la salían granos y pequeñas manchas en la zona genital y en las tetas. La pusieron el DIU pero, como no terminaba de adaptarse a él, se lo tuvieron que quitar. No tardó en quedar preñada sin que estuviera demasiado segura de si la había dejado en estado su pareja ó uno de los hombres que se la follaban dentro de la actividad sexual que desarrollaba en el grupo al que seguía perteneciendo. Pero como su compañero sentimental no sospechaba nada la resultó sumamente fácil conseguir que aceptara como suyo al hijo que esperaba. Sus padres se enteraron de que Silvia había dejado sus estudios y que vivía con su pareja cuándo les había convertido en abuelos lo que les indignó hasta el punto de decidir dejar de enviarla dinero y repudiarla. La decisión de sus progenitores no la afectó demasiado y a los pocos meses volvió a quedar embarazada. En tres años y medio y ella no había cumplido los veinticinco, se juntó con tres críos de tres, dos y un año y su pareja cargó con todos ellos sin saber que sólo y con muchas dudas, la había engendrado al mayor. Pero Silvia, a la que empezaron a llamar “la coneja” por su gran facilidad para procrear, no conseguía saciar su gran deseo sexual y decidió liarse con otro hombre al mismo tiempo que mantenía su frenética actividad en el grupo y la relación con su pareja.

Por la mañana, en cuanto repartía a sus tres hijos entre el colegio y la guardería, era fácil verla acompañada por su nuevo ligue que parecía no tener otra ocupación que no fuera el meterla mano a todas horas; obligarla a hacerle pajas y mamadas en sitios públicos y cepillársela, la mayoría de los días en la cama que Silvia compartía con su pareja. El hombre logró convencerla para comercializar sus prendas íntimas usadas asegurándola que, con ellas, podrían obtener unos ingresos extras. No tardó en decirla que conseguirían un mayor beneficio si se meaba con la braga puesta ó si la manchaba con su caca. Más adelante la propuso depositar en las copas de los sujetadores la mierda que echaba en sus cagadas según iba saliendo por su ano. Aunque el hombre se quedaba con la mayor parte del dinero, se encargaba de reponer la ropa interior facilitándola, a su gusto y en cantidad, prendas íntimas de lo más sugerentes y variadas mientras Silvia disponía de dinero para sus caprichos. Pero su relación no era precisamente discreta y un amigo del chico con el que vivía la vio un día en la calle en plena acción con su amigo. Aunque prefirió guardarlo en secreto, al enterarse de que Silvia esperaba su cuarto hijo no dudo en comentárselo a su pareja sentimental que, inmediatamente, procedió a controlar a la joven a la que no tardó en pillar en el portal de su casa con la mano del hombre introducida en la parte inferior del abrigo que lleva puesto Silvia, que estaba completamente desnuda de cintura para abajo, para acariciarla y tocarla el coño mientras le hacía una paja. El chico la echó de casa y Silvia, sin saber a donde ir con sus tres hijos, tuvo que aceptar el ofrecimiento de la propietaria de la vivienda en la que mantenía sus relaciones sexuales en grupo para alojarse allí durante el tiempo que fuera preciso. Pero Magdalena, que así se llama la mujer que llevaba muchos años separada y no tenía hijos, decidió irse a vivir con Silvia y no tardó en decirla que para continuar residiendo en su casa tenía que acostarse con ella todas las noches en que no tuviera plan con alguno de los hombres que a lo largo de la tarde se follaban al grupo de mujeres. Como Magdalena estaba un poco harta del sexo hetero y la ponía mucho más el hacérselo a una fémina con bombo, su relación lesbica fue frecuente. La gustaba mamarla las tetas, que tenían bastante leche y tocarla, masturbarla y comerla la almeja hasta que la chica acababa meándose y algunas veces, cagándose de gusto. Pero el mal tiempo reinante hizo que tuvieran que pasar mucho frío ya que la casa era antigua y no disponía de calefacción y la potencia eléctrica contratada no permitía tener encendidos más de dos radiadores al mismo tiempo. Además, el agua llegaba con poca presión por lo que resultaba desesperante el ducharse y con agua fría ó que la cisterna del water volviera a llenarse tras su utilización. El hombre que se había convertido en su amante la prometió no desampararla pero los días fueron pasando y aunque Silvia intentó localizarle, no apareció por ningún lado.

Después de dar a luz a su cuarto hijo empezó a buscar trabajo pero lo único un poco digno que encontró fue convertirse en asistenta de un matrimonio con una numerosa descendencia ocupación en la que duró poco más de un mes ya que, además de ser un trabajo muy mal retribuido que precisaba una dedicación exclusiva, uno de los hijos mayores empezó a acosarla hasta el punto de dejarla en paz ni cuándo tenía que mear, intentando que se mostrara muy cariñosa con él y accediera a desnudarse para permitirle ver y tocar sus atractivos físicos. Magdalena, por su parte, aunque se ocupaba de ellos durante sus ausencias, se prodigaba en desnudar a los tres hijos varones de Silvia con intención de mirarles y tocarles repetidamente sus atributos sexuales diciéndoles que, cuándo fueran mayores, iban a estar dotados de unas pollas monumentales con las que darían mucho gusto a buen número de mujeres. Además y a pesar de la oposición de Silvia, la encantaba estar presente cada vez que el hijo mayor tenía ganas de mear para poder sostenerle el rabo con su mano sin dejar de pasarle uno de sus dedos por la abertura mientras soltaba el pis. Para colmo logró que, poco a poco, Silvia se convirtiera en su water personal y en su relación sexual nocturna comenzó a prodigarse en hacerla experimentar nuevas sensaciones mediante el fisting vaginal con el que la joven se vaciaba rápida e intensamente. Pero Silvia, viendo que lo que Magdalena pretendía con todo aquello era poder llegar a explotarla sexualmente, no se encontraba a gusto y comenzaba a estar desesperada cuándo uno de los chicos que se la follaba con regularidad en el grupo la dijo que conocía a un hombre adinerado que estaba dispuesto a hacerse cargo de sus cuatro hijos y de ella, siempre que no la importara residir en la ciudad en la que vivía y deseara convertirse en una autentica puta a su servicio estando siempre en buena disposición para llevar a cabo contactos sexuales de tipo hetero con él y lesbicos con su mujer y su hija. Silvia, sin informarse con un mayor detenimiento de aquella oferta, aceptó.

El hombre, que se llama Joaquín, se encargó sin moverse de su residencia del traslado de los distintos enseres, muebles y objetos de Silvia y sus hijos a los que, en vez de en su mansión como pensaba la joven, decidió alojar en una amplia vivienda de su propiedad que disponía de cuatro habitaciones. Joaquín la recibió en ella. Aunque no hablaba mucho, la pareció un hombre agradable, correcto y elegante a pesar de que a Silvia la molestó mucho que, después de enseñarla la casa, la obligara a desnudarse en el salón y que, delante de sus hijos, la tocara reiteradamente y la explorara antes de masturbarla hasta que la joven, tras varios orgasmos, no pudo contenerse y echó una meada excepcional. Después la hizo darse la vuelta y doblarse delante de él para meterla en el culo los dos dedos con los que la había masturbado y la hurgó con ellos pero, en cuanto logró entrar en contacto con su mierda, se los sacó pensando, seguramente, que el ver defecar a su madre no era el espectáculo más apropiado para los niños. Silvia se fue corriendo al water para expulsar allí sus excrementos y cuándo regresó Joaquín, sin dejar que se vistiera, la dijo que, a partir de la mañana siguiente, contaría con la ayuda de una mujer ecuatoriana, llamada Victoria, que viviría con ella para ocuparse de todas las labores domesticas, de las comidas y de la atención a sus hijos de manera que Silvia no tuviera ningún obstáculo a la hora de relacionarse sexualmente. Después de apretarla con fuerza las tetas hasta que se la salió la leche y los pezones se la pusieron tan erectos que parecía que iban a explotar, la dio dos semanas para acomodarse en su nueva residencia, que se encontraba amueblada de una manera muy confortable y poner en orden todas sus pertenencias antes de centrarse en la actividad sexual que tenía que desarrollar.

Según lo previsto, a primera hora de la mañana del día siguiente llegó Victoria que resultó ser una mujer de mediana edad, estatura baja y complexión más bien fuerte que congenió perfectamente con Silvia a la que no tardó en comunicar que era viuda; que llevaba varios años dedicándose a trabajos domésticos y al cuidado de críos y que si había logrado hacerse con aquella ocupación laboral era como agradecimiento a los servicios sexuales que su hija Yolanda prestaba a Joaquín que, después de darla trabajo en uno de sus múltiples negocios, se la tiraba siempre que le apetecía. En pocos días y a través de ella, se enteró de que la vivienda que estaba situada frente a la suya era el lugar que Joaquín utilizaba como picadero para cepillarse a buena parte de sus amistades femeninas siendo las más asiduas a visitarla dos mujeres jóvenes que vivían prácticamente de él y que, a cuenta de su relación, le sacaban todo el dinero que podían y Mónica, la hija de Joaquín, que en contra de lo que la habían dicho a Silvia no era lesbiana, con la que al hombre le entusiasmaba mantener relaciones sexuales.

La presentación de Silvia, a la que semanalmente Joaquín facilitaba un buen surtido de prendas íntimas, elegantes vestidos, alimentos de todo tipo y dinero para que pudiera comprar ropa a sus hijos, se produjo una noche en la gran mansión que poseía el hombre una vez que este, su mujer y su hija acabaron de cenar con un numeroso grupo de amigos. La joven, elegantemente vestida, esperó muy nerviosa en un amplio y confortable salón alfombrado la llegada de Joaquín y sus amistades y en cuanto todos se acomodaron, su supuesto protector la mandó desnudarse por completo. En cuanto lo hizo, uno de los invitados se apresuró a recoger del suelo su ropa interior para quedarse con ella mientras Joaquín, acercándose a Silvia, la hizo abrir las piernas y empezó a apretarla las tetas mientras comentaba: “¿habéis visto que tetas tan hermosas y prietas? y además están llenas de leche”. Después la pasó un dedo por los labios y dijo: “¿y que me decís de esta boca? tiene que ser un deleite besarla y correrse en su interior mientras te realiza una mamada”. Acto seguido, se dedicó a acariciarla el chocho antes de proceder a masturbarla hasta que el grato sonido de su flujo vaginal fue perceptible por todos los presentes. “Se corre con muchas ganas e intensidad y os puedo asegurar que es multiorgasmica” dijo mientras continuaba con sus dedos introducidos en su seta y algunos hombres se acercaban para comprobar el elevado grado de humedad que adquiría la raja vaginal de la joven que, aunque intentó retener su salida, se meó al alcanzar su tercer orgasmo y la salida de su pis, que cayó integro en el suelo alfombrado, fue recibida con exclamaciones de júbilo y aplausos por parte de los asistentes. Unos minutos después, Joaquín la sacó los dedos del coño y haciendo que se diera la vuelta y se doblara, la abrió el ano y se los introdujo analmente. La hurgó con energía y ganas mientras les decía a sus invitados: “¿veis que culo más apetitoso? seguro que la mierda que conserva en su interior también lo es”. Silvia, a la que Joaquín apremiaba a cagarse, liberó enseguida el esfínter e impregnó en su caca los dedos del hombre que se los casó inmediatamente para que sus invitados no se perdieran el menor detalle de su soberbia cagada. En cuanto acabó de salir mierda, la volvió a meter los dedos y la hurgó durante un buen rato hasta que Silvia exclamó: “Dios mío, me estoy cagando otra vez” a lo que Joaquín la contestó: “echa más mierda guapa que todos estamos deseando verla”. Una parte de los invitados se acercó para presenciar de cerca su segunda cagada que resultó mucho menos sólida que la primera y para felicitar al hombre por haber encontrado una “yegua” tan golfa y guarra. Joaquín, después de sacarla los dedos y hacer que se los chupara, permitió que dos de sus invitados se dedicaran a limpiarla el ano con su lengua antes de decirla que fuera al water de los sirvientes para limpiarse y que, a continuación, regresara allí. Silvia quiso ponerse su vestido pero Joaquín se lo impidió tirándolo a la chimenea del salón. La joven recorrió completamente desnuda toda la mansión antes de localizar el water que la había indicado y como no sabía si las personas con las que se cruzaba eran amigos ó sirvientes del hombre, tuvo que dejarse tocar un par de veces.

Cuándo volvió, Joaquín la estaba esperando muy ansioso y llevándola a un rincón, la abrazó y apretándola contra él la dijo al oído que hiciera todo lo que la pidieran sus invitados pero que bajo ningún concepto dejara que la penetraran sin su consentimiento. Pocos minutos después se encontraba rodeada de la mayor parte de los invitados masculinos que, con la polla al descubierto, no dejaban de pedirla que les hiciera mamadas y pajas, labor en la que se prodigó durante más de tres horas. Marta, la mujer de Joaquín, esperó a que terminara para llevarla a una habitación donde cinco invitadas retozaban a sus anchas en una cama gigantesca. Marta la explicó que quería que, empezando por ella, las comiera a todas la almeja, las mamara las tetas y las lamiera el ano hasta que quedaran complacidas y satisfechas. Las féminas resultaron ser unas golfas muy cerdas que lo único que deseaban eran correrse y mearse, una y otra vez, en la boca de Silvia. Estaba amaneciendo cuándo, por fin, acabó con aquel cometido. Las mujeres parecían estar exhaustas y todas se dedicaron a descansar mientras Marta, que aún estaba bastante entera, la apretó con fuerza las tetas haciendo que se la saliera una buena cantidad de leche materna diciéndola: “me encanta que tengas leche y deberás hacer todo lo posible para que te dure”. Después la obligó a acostarse boca arriba en la cama, la abrió bien las piernas y la acarició la raja vaginal durante unos minutos hasta que las invitadas se fueron recuperando momento en el que Marta, sin dudarlo, la metió de golpe el puño en el interior del chocho y empezó a forzarla. “Atraviésala el útero” decían algunas y “vacíala, sácala todos sus líquidos” propusieron las demás mientras contemplaban el espectáculo y se masturbaban. Silvia llegaba al clímax una vez tras otra y no paraba de echar flujo y pis. Su cuerpo no podía parar quieto y levantaba constantemente el culo. En un momento dado notó que se estaba cagando y vio que una de las mujeres, la más gorda de todas, dijo: “mirad, la muy guarra se está haciendo caca” antes de proceder a coger un trozo de mierda de la cama que miró, olió y se comió. Silvia no podía más. Sus orgasmos eran prácticamente consecutivos y empezaban a ser secos. Pero Marta decidió en aquellos momentos introducirla el otro puño para hacerla un fisting doble con el que continuó forzándola con ganas animada por el resto de las féminas que la decían: “dala caña hasta que reviente” ó “así, que la guarra quiere más”. La joven, que era incapaz de volverse a correr más veces, empezó a sentir un intensísimo dolor vaginal que la obligó a chillar. Marta, enfadada, la dijo que dejara de lamentarse y se comportara como la fulana que era. Casi eran las diez de la mañana cuándo la extrajo los puños tras haberlos tenido en su interior durante más de hora y medía. Las demás mujeres, entusiasmadas, dedicaron varios minutos a examinar y a tocar la descomunal cueva en que se había convertido la seta de Silvia antes de que se decidieran a ducharse en dos grupos de tres mientras la joven, bajo los efectos de una acusada incontinencia urinaria, intentaba descansar. Cuándo las tres primeras acabaron en la ducha, se vistieron y Silvia, antes de dormirse completamente agotada, escuchó que una de las mujeres la decía a Marta: “realmente tu marido ha tenido suerte y buen ojo para encontrar una buena puta a la que follarse y explotar”.

Silvia se despertó a primera hora de la tarde. La sabana estaba empapada en su pis, que aún continuaba saliendo a pequeños chorros por su coño y llena de mierda. Se levantó, se dirigió al water y tras asearse, salió de la habitación en busca de ropa con la que vestirse. La casa era inmensa y no sabía hacía donde dirigirse. Se encontró con un hombre maduro que parecía ser el mayordomo que, engañándola, la llevó hasta su habitación donde la obligó a echarse en la cama para poder tirársela. Silvia, que en aquellos momentos no sentía ningún deseo sexual, recordó que Joaquín la había dicho que no dejara que la penetraran sin su consentimiento pero, aunque se resistió, no pudo evitar que el mayordomo, tras desnudarse rápidamente, se echara sobre ella, la introdujera el rabo en la almeja y se la cepillara con movimientos rápidos sin dejar de decirla que estaba buenísima; que le encantaba su gran humedad vaginal y que estaba sintiendo muchísimo gusto al joderla. El hombre estaba tan excitado que se corrió enseguida y después de echarla la leche, continuó follándosela hasta que perdió por completo la erección. Después de sacarla el rabo y observar que la joven echaba unos chorros de pis, se incorporó y se vistió. Esperó a que Silvia se levantara y tras decirla que había resultado sumamente exquisito y placentero el tirársela, se dedicó a mamarla las tetas al mismo tiempo que, apretándola contra él, la tocaba el culo. Después y mirándola fijamente mientras la acariciaba la raja vaginal, la dijo: “me tendrás que perdonar pero es que estás tan buena que no me he podido resistir al deseo de joderte ya que, al fin y al cabo, eres una sirviente más al servicio del señor. Pero te agradeceré que no comentes con él lo sucedido” y acto seguido, la acompañó hasta el despacho de Joaquín en donde tuvo que esperar varios minutos. Cuándo el hombre llegó, entró acompañado de dos criadas jóvenes vestidas con un uniforme muy escotado y corto que llevaban un buen repertorio de ropa femenina. La dijo que escogiera lo que más la gustara y se lo pusiera puesto que la iba a llevar a su residencia en su coche. Silvia intentó localizar la ropa interior y al no encontrarla preguntó por ella. El hombre la contestó que no la buscara ya que en aquella casa era norma limitar al máximo las prendas íntimas. Mientras la chica, ayudada por una de las criadas, escogía y se vestía, Joaquín hizo que la otra sirviente se sentara en sus piernas y después de abrirla las piernas y subirla ligeramente la falda, empezó a apretarla el chocho con su mano derecha y a tocarla el culo con la izquierda diciéndola: “si me demuestras que eres una buena puta esta noche te follo”. La criada se humedeció enseguida y Joaquín, mostrándose complacido, la dijo: “a las once y medía estaré en tu habitación”. Después de hacer que las dos criadas salieran del despacho, se acercó a Silvia para indicarla que estaba dispuesto a costearla la operación de cirugía estética que redujera el tamaño de su nariz y que, a partir de aquel momento, debía de centrarse en dormir por la mañana para estar a su completa disposición durante la tarde y la noche.

No tardó en descubrir que Joaquín, tras convertirla en una puta de alto nivel, estaba costeando los gastos que le suponía su alojamiento y manutención alquilándola y a un precio bastante alto ya que consideraba que, al ser una golfa tan cerda y completa, sus amigos y conocidos tenían que hacer un importante desembolso para poder pasar la tarde ó la noche en su compañía. Joaquín se interesó por los métodos que utilizaba para evitar los embarazos y Silvia le explicó que se llenaba de gramos y de manchas si tomaba anticonceptivos y que no conseguía adaptarse al DIU por lo que la prometió que en el supuesto de que alguno de sus amigos la dejara en estado se ocuparía personalmente de que unos ginecólogos que conocía la realizaran el aborto. Su actividad sexual, con dos sesiones por la tarde y otra por la noche, no la dejaba tiempo libre y Joaquín tenía que cancelar alguna de sus citas cuándo quería que le hiciera pajas, que era una cosa que le encantaba, en la vivienda que utilizaba como picadero ó para que estuviera presente cuándo se tiraba a otras féminas ya que, en algunas ocasiones, tenía ciertos problemas con la erección y consideraba que lo más apropiado era recurrir a Silvia para que le chupara el rabo hasta que lograba que pudiera presentarse ante la mujer a la que se iba a cepillar con la polla bien tiesa. Además, para poder disponer de tiempo para recuperarse entre polvo y polvo, encomendó a Silvia un nuevo cometido que era el comer la seta a la fémina; lamerla hasta la saciedad el ano e intentar por todos los medios que les deleitara con una ó varias meadas al más puro estilo fuente.

Cuándo conoció a Mónica, la atractiva, escultural y joven hija de Joaquín, no lograba llevar tan bien su presencia en sus relaciones sexuales. Al padre le veía sumamente complacido y excitado cuándo lo hacía con su hija mientras a esta la había convertido en una fémina insaciable que deseaba que Joaquín vaciara con ella sus huevos de leche y la sacara todo el flujo vaginal que tenía en su interior. A Mónica la gustaba mearse mientras su padre se la follaba y a Joaquín le agradaba echarla su pis dentro de la boca mientras se la chupaba; en el interior del coño mientras se la cepillaba ó del ano al darla por el culo. Las noches que pasaban juntos, dos cada semana, Joaquín la metía el puño a Mónica tanto vaginal como analmente mientras Silvia se ocupaba de darla gusto con todo tipo de “juguetes” y de una manera especial, con los consoladores de rosca. Al hombre le gustaba que, delante de él, Mónica y Silvia se dieran mutuamente por el culo con la ayuda de unas sofisticadas bragas-pene que eran capaces de echar en el momento adecuado un sucedáneo que en el interior del culo femenino hacia el mismo efecto que la leche masculina.

Mónica cada vez buscaba una práctica sexual más guarra con su padre y ambos llegaron a tal extremo que, un día, Silvia pensó que Joaquín la había arrancado de cuajo la vejiga urinaria a su hija mientras esta se meaba. La causó tal repugnancia ver al hombre con la mano ensangrentada que se pasó la noche devolviendo y al día siguiente, le planteó la posibilidad de que la liberara su obligada presencia al menos en las sesiones que mantenía con su hija. Joaquín, sonriéndola, la dijo que una vez que había entrado en su negocio sexual tenía que adaptarse a él con todas sus consecuencias puesto que no iba a poder abandonarlo pero que, como era una autentica golfa y además muy guarra, estaba en disposición de permitir que no estuviera presente cuándo se relacionara con Mónica a cambio de mantener los fines de semana de cuatro a cinco sesiones sexuales diarias con sus amigos en vez de las dos ó tres que, actualmente, llevaba a cabo. Silvia aceptó su propuesta y Joaquín tardó una semana en sustituirla con una joven universitaria a la que Mónica trataba como una esclava.

El incremento de su actividad sexual y el hacerlo con hombres muy bien dotados y con una más que considerable potencia sexual originó que, en ocho meses escasos, a Silvia tuvieran que practicarla el aborto en tres ocasiones lo que hizo que Joaquín decidiera que, además de una semanal con él, no llevara a cabo más de dos sesiones sexuales de tipo hetero diarias y que, en su tiempo libre, se pusiera al servicio de Marta, su mujer, con la que, excepto la noche de su “presentación en sociedad”, no había vuelto a tener relaciones. La fémina se mostró encantada de volver a contar con ella y la dijo que, si como parecía, era golfa y cerda se llevarían muy bien. Silvia, aparte de tener que ocuparse de mantener bien depilada la entrepierna de Marta y pasarse horas y horas metida entre sus abiertas piernas para comerla la almeja y lamerla el ano hasta que la mujer se cansaba de correrse y de mearse en su boca, se vio en la obligación de ocuparse de aliviarla su supuesto estreñimiento crónico hurgándola enérgicamente en el culo con los dedos y poniéndola regularmente enemas mientras Marta, que demostraba ser una sádica, la hacia masturbarse delante de ella hasta que se meaba de gusto; la metía de todo, vaginal y analmente, sin importarla los gritos de dolor de la joven ni las consecuencias que pudiera tener; la realizaba fistings vaginales y anales interminables vaciándola por completo e incluso recurría a los perros que tenían en un chalet en el campo, al que apenas iban, para que los animales se la follaran delante de ella.

Silvia aprendió a aceptar todo de buen grado y a soportar la humillación y el amplio surtido de contrariedades que su actividad sexual la ocasionaba ya que, cuándo se quejaba, Joaquín ó Marta la recordaban que si disfrutaba de un porvenir prometedor y una situación económica desahogada y privilegiada, sin que la faltara de nada, era gracias a ellos y que el querer dar marcha atrás en su decisión podía tener consecuencias nefastas para sus hijos y para ella. Silvia, lógicamente, continúa en la misma situación y así seguirá hasta que la edad desaconseje a Joaquín el alquilarla con fines sexuales ya que, con cuatro hijos y a pesar del deterioro físico que sufre a cuenta de una actividad sexual tan frecuente e intensa, no tiene otra posibilidad para sacar adelante a su descendencia. Al menos, ha logrado hacerse amiga de Mónica, con la que habla de todo menos de sexo y de Yolanda, la guapa hija de Victoria la mujer ecuatoriana con la que vive y que se ocupa de la casa y de sus hijos, con la que, aunque no sea con mucha frecuencia, mantiene algún contacto sexual.

Y finalmente, la tercera historia se centra en Emilio, un hombre casado y con dos hijos, al que desde hacía unos años le gustaba su joven vecina, Sonia, que acababa de iniciar su pubertad. La conocía desde que nació y como sabía que su familia no la iba a buscar al salir del colegio empezó a hacerse el encontradizo con ella; a comprarla las chucherias que a la cría la apetecían y a acompañarla hasta la misma puerta de su domicilio. En un par de semanas logró que la joven se mostrara más que entusiasmada con él. Emilio aprovechó su euforia para decirla que, al día siguiente por la tarde, se olvidara de sus actividades extraescolares puesto que iría a buscarla al centro escolar en su coche para llevarla a un lugar en el que ambos lo pasarían muy bien. La joven dudó unos momentos pero accedió en cuanto su vecino la prometió que estarían de regreso a la hora en que solía llegar a casa.

Al día siguiente, al acabar Sonia su jornada normal en el colegio, Emilio la esperaba impaciente en su coche. La llevó a un descampado próximo al cementerio donde, saliendo del vehículo, intentó bajarla la braga encontrándose con la oposición de la joven y Emilio, muy enfadado, la pegó y la dijo que como no colaborara lo iba a pasar realmente mal. Sonia al ver que su vecino se iba y la dejaba allí completamente sola, lo llamó y con lágrimas en los ojos, comenzó a desnudarse. El hombre recogió su ropa, la metió en el coche y después de acariciarla el chocho durante un buen rato, la dio un par de bragas diciéndola que se las pusiera la una sobre la otra. En cuanto lo hizo, Emilio comenzó a tocarla la raja vaginal por encima de las prendas íntimas animándola a mearse con ambas bragas puestas. La chica no quería hacerlo pero llevaba más de tres horas sin hacer pis y con las caricias del hombre no pudo aguantar mucho. En el momento en que Emilio comprobó que se estaba meando a chorros la dijo: “ves, guarra, así nos vamos a llevar muy bien”. En cuanto acabó, la quitó las bragas y tras meterlas completamente mojadas en unas bolsas de plástico transparentes obligó a la cría a abrir bien sus piernas y la tocó hasta la saciedad diciéndola que estaba muy buena y que le excitaba mucho el poder sobarla. Viendo que Sonia se humedecía la preguntó que si había empezado a hacerse unos dedos y al contestarle afirmativamente, el hombre no se lo pensó, la introdujo dos dedos en la seta y la masturbó enérgicamente. La cría se encontraba muy incomoda y violenta pero no pudo evitar llegar al clímax, con rapidez e intensidad, en varias ocasiones lo que animó a su vecino a meterla un dedo en el culo logrando que continuara alcanzando sus orgasmos con tanta frecuencia que casi eran seguidos. La joven, tras llegar al clímax por enésima vez, se volvió a mear y Emilio se enfadó por no avisarle y desperdiciar ese pis que le hubiera reportado una importante cantidad de dinero. Viendo que Sonia, tras correrse un montón de veces, empezaba a sentirse cansada el hombre se quitó el pantalón y el calzoncillo y dejando a la vista de la joven su polla totalmente tiesa, la dijo que se la chupara. Como la cría no lo había hecho nunca, Emilio se vio obligado a armarse de paciencia y enseñarla. Al no ser capaz de meterse todo el rabo dentro de la boca optó por cogerla con fuerza de la cabeza y apretándosela contra él, la obligó a introducírselo entero. Sonia tuvo un montón de arcadas antes de devolver dos veces encima del hombre que, muy excitado, la dijo: “sigue, que no se desgasta”. La joven comenzaba a sentir que se ahogaba por las dimensiones de la polla de Emilio cuándo, de repente, notó que su leche la caía, a grandes chorros, en la boca. El hombre, obligándola a continuar con el rabo dentro de su boca, la dijo: “trágatela, cerda” y a Sonia no la quedó más remedio que hacerlo para, una vez más, devolver encima de él. Cuándo el hombre la soltó, cayó de culo al suelo y sin dejar de sentir arcadas, necesitó varios minutos para recobrar el aliento. Emilio se acercó a ella con la polla erecta y cogiéndola con su mano derecha la cara, la besó y la dijo: “¿a que te ha gustado zorrita?” y acto seguido, mientras la apretaba con fuerza las tetas, la indicó: “voy a convertirte en una hembra deseosa de sexo, tremendamente golfa y guarra”. Después de hacer que se colocara en cuclillas para poder tocarla la raja vaginal al mismo tiempo que la mamaba las tetas y la ponía bien erectos los pezones a base de pequeños mordiscos, se tumbó en el suelo y la dijo que le hiciera una paja sin dejar de acariciarle los huevos y de nuevo, tuvo que enseñarla puesto que la cría no sabía. En esta ocasión, le costó mucho más soltar otra de sus abundantes raciones de leche. Al sentir el gusto previo a la corrida, la dijo: “la voy a echar, mira como sale” y la joven contempló con los ojos bien abiertos y sin perderse el menor detalle como soltaba su leche. Después de correrse y viendo que no tenían tiempo para más se vistieron y emprendieron el viaje de regreso para que Sonia, que aún sentía arcadas, llegara a su domicilio casi a la misma hora que cualquier otro día. Emilio la amenazó y la hizo prometer que no hablaría con nadie de lo sucedido aquella tarde. El hombre la dejo en paz durante unos días pero, en cuanto comprobó que cumplía su palabra, volvió a quedar con ella y de nuevo, fueron al descampado. De esta manera, Sonia se fue acostumbrando a aquella actividad sexual y sus citas se hicieron más frecuentes. La agradaba mearse delante de Emilio, aunque no entendía porque no podía hacerlo con la braga que llevaba puesta en vez de soltar su pis tras ponerse las prendas íntimas que la daba y sobre todo que el hombre la masturbara despacio haciéndola llegar muchas veces al clímax hasta que terminaba meándose de gusto mientras Emilio comprobaba que, día a día, la joven se esmeraba más en hacerle una excepcional mamada sin que la ahogara su polla y sin que la importara tragarse su leche antes de proceder a realizarle una paja para poder ver como se corría y en algunas ocasiones, como se meaba unos segundos después de echar su semen. El hombre en vista de que las temperaturas eran algo frescas decidió, unas semanas más tarde, dejar el descampado para llevarla a una vivienda que la mayor parte del año tenía desocupada en un pueblo cercano. Allí sus sesiones sexuales continuaron desarrollándose, poco más ó menos, como en el descampado pero con mayor comodidad. Emilio la explicó que si la hacía cambiarse de braga era para que no ensuciara la suya y evitar que su madre llegara a sospechar de su relación y que cada vez que mojaba con su pis las dos bragas obtenía una importante cantidad de dinero por la venta de tales prendas íntimas que estaba dispuesto a compartir con ella siempre que deseara seguir colaborando. Sonia le prometió que intentaría acudir a sus citas con la vejiga urinaria bien llena y avisarle en el momento en que, después de alcanzar varios orgasmos, no podía evitar que se la saliera el pis para que aquellos chorros no se desperdiciaran. Emilio la habló de que, también, era aconsejable que acudiera con el intestino repleto ya que podía obtener más dinero con la venta de su caca. Sonia le mencionó que, como era bastante estreñida, no la iba a resultar difícil complacerle con aquello y desde entonces se convirtió en habitual que sus sesiones sexuales finalizaran con la cría echada boca abajo sobre las piernas de Emilio para que este la hurgara con sus dedos en el culo hasta que conseguía provocarla la cagada y que echara uno ó dos folletes de mierda que el hombre recogía con sumo cuidado y que, tras verlos y olerlos, metía en bolsas de plástico. En las ocasiones en que le demandaban mierda más líquida, utilizaba peras laxantes llenas de agua caliente y recogía la cagada en un orinal ó en el sujetador de la joven. En estas ocasiones era cuándo Sonia más notaba que había vaciado por completo su intestino. Lo cierto es que, a cuenta de aquella actividad sexual, su estreñimiento se fue reduciendo y que volvió a ser mucho más regular en sus defecaciones haciendo que Emilio la pudiera extraer la mierda con facilidad y rapidez.

La relación continuó y Sonia estaba cada día más encaprichada y entusiasmada con Emilio. Sus sesiones sexuales se desarrollaban prácticamente a diario y nunca la faltaba dinero para un capricho. Un día que la familia de Emilio estaba ausente la llevó a su casa. De inicio la joven no tenía demasiadas ganas de mear y el hombre la obligó a beberse en pocos minutos una botella grande de agua que enseguida hizo efecto y tras hacer pis de pie en la bañera mientras el hombre se encargaba de impregnar convenientemente medía docena de bragas, se fueron a la habitación para poder estar cómodos. Se desnudaron y Emilio, totalmente empalmado, se acostó junto a Sonia a la que, tras dejar que la chupara unos minutos el rabo hasta dejarle casi a punto de correrse, masturbó, un día más, durante casi medía hora. La chica había llegado muchas veces al orgasmo y se encontraba completamente entregada cuándo Emilio la dijo: “hoy te vas a mear de gusto mientras te follo”. Sonia no llegó a entender sus palabras hasta que, echándose sobre ella, la metió vaginalmente su erecta polla. La cría intentó resistirse sin ningún éxito y sintió muchísimo dolor pero el hombre se la cepilló a conciencia y a plena satisfacción hasta que, después de echarla dos veces la leche, la soltó una copiosa y larga meada. Sonia, a cuenta del dolor, no lograba alcanzar el clímax con tanta intensidad y rapidez como cuándo la masturbaba pero, tal y como Emilio pretendía, no pudo evitar mearse de gusto en las dos ocasiones en que sintió caer en su interior el semen del hombre, que continuó tirándosela hasta que la polla perdió buena parte de su erección. Sacándosela, hizo que la joven se la chupara despacio al mismo tiempo que le mantenía toda la piel bajada y que le pasara repetidamente la lengua por la abertura. Al terminar y mientras la acariciaba el coño, Emilio la preguntó: “¿te ha gustado?”. Sonia le contestó que no demasiado puesto que, aunque se había corrido, había notado y aún sentía dolor, escozor y molestias. Emilio la explicó que aquello era normal siendo su primera vez pero que disfrutaría mucho más en las próximas ocasiones. Cogiéndola del bolso de su pantalón, que se encontraba en el suelo de la habitación, la dio una caja de anticonceptivos orales y la dijo que, si los tomaba, evitaría que la pudiera dejar preñada. Además de prometerla que la facilitaría más cada veinte días, la explicó que, intentando que siempre fuera a la misma hora, lo más aconsejable era que comenzara tomando dos píldoras diarias, una al levantarse y otra al acostarse.

Después de que Sonia perdiera su virginidad vaginal volvieron a mantener sus sesiones sexuales en la casa que Emilio tenía en el pueblo. El hombre intentaba sacar buen provecho del elevado grado de excitación que alcanzaba con la joven para aumentar considerablemente su potencia sexual de manera que de echarla un par de polvos diarios pasó a tres, dos de los cuales solía depositar en el interior de la almeja de la cría y el tercero en su boca aunque a Sonia, además de chupársela, la gustaba hacerle, un par de veces a la semana, una paja para poder presenciar, sin perderse el menor detalle, sus excepcionales corridas.

Pero la excitación sexual que adquiría con Sonia y el aumento de su potencia sexual hizo que no tardara en volver a dejar preñada a su mujer y precisamente cuándo su actividad sexual con ella se iba reduciendo de una manera notable. No le gustó la idea de volver a ser padre y cuándo la propuso abortar la fémina se negó en rotundo. Emilio, que a cuenta de aquel embarazo comenzó a tener serios problemas sentimentales con su cónyuge, decidió solventar la situación a través de la relación que mantenía con Sonia a la que propuso contar en sus sesiones sexuales con la participación activa de algunas de sus amigas y compañeras de estudios. A la joven la pareció una idea magnífica y no tardó en aportar a algunas candidatas que Emilio, después de probarlas en varias ocasiones, fue desechando porque no le atraían; no eran multiorgasmicas ó lo suficientemente guarras como para ajustarse a sus intereses. El hombre, finalmente, dio el visto bueno a dos chicas altas, delgadas y rubias de la misma edad que Sonia provistas de unos cuerpos esculturales a las que Emilio, como había sucedido con Sonia, tuvo que empezar a adiestrar puesto que nunca habían meado sin la debida intimidad y menos con la braga puesta; ningún hombre las había masturbado ni hurgado en el culo y no habían realizado mamadas ni pajas. Aunque aquello la supuso que Emilio la dedicara menos tiempo, Sonia, que al principio llegó a sentirse celosa, comenzó a mostrarse satisfecha desde el momento en que pudo participar activamente en las sesiones sexuales que el hombre llevaba a cabo con sus amigas al hacer que se turnara con una de las chicas para chuparle la polla ó hacerle pajas lentas. No tardó en empezar a penetrar a las amigas de la cría. Con su virginidad vaginal perdida, en cuanto se hicieron a ser penetradas a través de su chocho, pensó que era el momento idóneo para comenzar a darlas por el culo incluyendo en ello a Sonia a la que, hasta entonces, había respetado por detrás. Los gritos de las jóvenes en sus primeras sesiones de sexo anal fueron desgarradores pero a Emilio no le importaba ya que nadie podía oírles y además le excitaba que, aparte de mearse y varias veces durante el proceso, las tres crías liberaran fácilmente su esfínter y comenzaran a cagarse en cuanto la punta de su polla se introducía en el intestino. A las jóvenes las costó bastante adaptarse a este tipo de actividad sexual y a las contrariedades que origina en forma de escozor y molestias anales; diarreas intensas y persistentes y hasta serios problemas para poder sentarse adecuadamente pero, de la misma manera que las había sucedido con la penetración vaginal, terminaron por acostumbrarse. Emilio seguía obteniendo unos buenos ingresos con la venta de las bragas empapadas en el pis de las jóvenes y de su caca, tanto líquida como sólida, por lo que las daba una parte de los beneficios; las suministraba periódicamente de anticonceptivos; las compraba ropa interior sexy, sugerente y con transparencias para que acudieran con ella puesta a sus citas y aún le quedaba disponible una importante cantidad de dinero. Los años pasaron y en cuanto las tres jóvenes alcanzaron la mayoría de edad, Emilio decidió separarse de su mujer, con la que tenía tres hijos, para vivir con ellas. Además, redujo a la mitad su horario laboral de cuyo sueldo salía la pensión mensual que debía de abonar a su descendencia y viendo que era un negocio lucrativo y en auge, se dedicó a comercializar con la ropa íntima de las chicas que empezaron a cursar sus estudios universitarios mientras obtenían unos sustanciosos ingresos por ocuparse de la casa y de las comidas y por estar en buena disposición de mantener una nueva sesión sexual con Emilio. No las faltaba de nada, podían comprarse todo aquello que deseaban, vestían ropa cara y elegante y entre las tres compraron un chalet en el pueblo en el que empezaron a vivir de una forma más desahogada que en la vivienda del hombre, que era de dimensiones reducidas. Emilio, por su parte, decidió ampliar y reformar por completo su casa. Continúan viviendo juntos y aunque ninguna trabaja, las tres acabaron sus carreras. A ninguna de ellas las importa lo más mínimo que el hombre las doble en edad mientras continúe disponiendo de su gorda, larga y tiesa polla y las moje con sus copiosas raciones de leche.

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