Relatos Eroticos

18 Junio 2011

En el transporte publico III (fin).

Archivado en: Relatos de Alba — Etiquetas:, , , — Txema @ 12:57

De esta manera comencé a visitarla asiduamente por la tarde y algunas noches en que sabía que su hermana estaría ausente con intención de que me efectuara una exhaustiva comida de polla antes de proceder a “clavársela” por su precioso y redondo culo durante un montón de tiempo. Aunque la costó hacerse a los dolorosos momentos en que procedía a penetrarla, como ella pretendía, en plan bárbaro y en los que la perforaba el intestino, María disfrutaba plenamente con ello, colaboraba al máximo y no dejaba de apretar sus paredes réctales contra mi rabo intentando aumentar nuestro mutuo placer. La encantaba que mientras la enculaba, mis huevos no dejaran de golpearla la raja vaginal, la tirara constantemente del pelo y la insultara sin importarla el número de polvos y de meadas que la echara ni el que ella acabara bajo los efectos de una incontinencia urinaria bastante importante ó de un persistente proceso diarreico con tal de poder recrearnos en exceso con el sexo anal. Pero como lo poco agrada y lo mucho llega a cansar, había ocasiones en que me terminaba cansando de darla por el culo y aprovechando que casi siempre se la “clavaba” colocada a cuatro patas y a pesar de que solía enfadarse, la sacaba la verga del trasero y se la metía en el coño donde a María no la importaba que me meara pero pretendía evitar a toda costa que llegara a eyacular por lo que desde el primer día me pidió que se la sacara cuándo la fuera a echar la leche, cosa que no siempre hice puesto que en varias ocasiones no me dio tiempo y unas veces la solté toda la lefa dentro y en otras los primeros chorros, para mojarla el “felpudo” pélvico, la parte externa de la seta y la superior de las piernas y evitar hacerla un “bombo” que, a cuenta de las excepcionales dimensiones de mi chorra; de la gran cantidad de lefa que soltaba; de lo profunda que se la echaba y de que nunca había tomado precauciones, se podía producir con más facilidad de la deseada. Después llegaba el momento de que, hurgándome con ganas con sus dedos en el trasero y apretándome con fuerza los cojones, procedía a hacerme una casi siempre larga y metódica mamada intentando que echara un nuevo polvo que, a pesar de haberme sacado antes en tres ó cuatro ocasiones la leche, continuaba siendo abundante y placentero aunque solía resultar el más aguado y el que más se demoraba.

Una noche, después de varios meses de relaciones y cuándo me estaba empezando a cansar de darla continuamente por el culo mientras el sexo oral era bastante escaso y el vaginal prácticamente inexistente, Blanca Delia (Blanca), su hermana mayor, llegó al apartamento en compañía de una de sus amigas, Milagros, que lucía un esplendido “bombo” y estaba a punto de convertirse en madre soltera. No sé si es que nosotros estábamos muy concentrados ó que entraron sin hacer ruido pero lo cierto es que nos pillaron “in fraganti” en la bañera del cuarto de baño cuándo, después de haber puesto a María tres lavativas anales consecutivas, la mantenía bien apretado el ojete para que fueran haciéndola efecto. Su presencia hizo que me asustara momentáneamente dejando de hacer presión por lo que la joven defecó en tromba y tras echarme un montón de caca encima, procedí a ingerir una parte de la gran cantidad de mierda líquida que expulsó. Aunque el verme comer la defecación de la chavala a medida que iba apareciendo por su ano las resultó bastante asqueroso y repulsivo, decidieron sentarse y permanecer en silencio en la habitación de María mientras llevábamos a cabo nuestra sesión sexual en la que, una vez más, me harté de darla por el culo. Después de echarla cuatro polvos y dos meadas, me acosté boca arriba en la cama. Fue entonces cuándo María las ofreció la posibilidad de participar por lo que mientras esta procedía a “cascarme” muy despacio el cipote con intención de sacarme otro polvo, Blanca se sentó a mi lado para acariciarme los cojones y Milagros se colocó entre mis abiertas piernas y me perforó el culo con dos dedos, previamente ensalivados, para efectuarme un gratificante y placentero masaje prostático circular mientras me decía que estaba demostrando ser un autentico cabrón. Pacientemente esperaron el momento en que se produjo mi nueva eyaculación para no perderse el menor detalle de como, en espesos y largos chorros, echaba una tremenda cantidad de leche sintiendo cada vez un placer mucho más intenso y largo antes de que, mientras cada una de ellas continuaba en su cometido, Blanca mencionara que, después de lo que habían visto, tanto Milagros como ella deseaban tomar parte en nuestra actividad sexual ya que las había dejado impresionadas por las excepcionales dimensiones de mi nabo, mis soberbias eyaculaciones y mi gran potencia sexual y que las resultaría de lo más estimulante el saber que, tras una agotada jornada laboral, al llegar a casa se iban a encontrar con algo tan agradable. Aunque María pretendía mantener nuestros contactos en grupo lo descarté puesto que, de inicio, me parecía mucho más interesante el poder follarme por separado a los dos hermanas y a Milagros, aunque esta me pidió que temiendo que a cuenta del grosor y largura de mi pene pudiera dañar al feto tanto al penetrarla por delante como por detrás la permitiera que hasta que llegara el momento del parto se limitara a “cascármela” y a comérmela al mismo tiempo que lucía “bombo” y la sobaba a conciencia. Blanca me indicó que, además de hacerme lo mismo que Milagros, la encantaría que la comiera la almeja hasta que se meara de gusto en mi boca; que la lamería el ojete y se lo forzara con mis dedos para extraerla la caca; que, aunque lo considerara repugnante, la obligara a comerse tanto mi mierda como la de las otras dos chavalas y que la penetrara regularmente por vía vaginal puesto que disponía de un ano muy estrecho por lo que no parecía factible que mi picha se lo pudiera perforar, agradándola que me la tirara dándola unos buenos envites y que la echara la leche y el pis colocada a cuatro patas, acostada sobre mí ó tumbada a lo ancho de la cama con las piernas dobladas sobre ella con el aliciente de que mientras me estaba cepillando a Blanca, Milagros se volvía loca lamiéndome el ojete, metiéndome la lengua bien profunda y forzándomelo con sus dedos.

Enseguida me di cuenta de que, a través de aquellas dos hermanas y de Milagros, podía obtener el máximo placer y satisfacción sexual y que de esa relación sólo podía esperar el dar y recibir muchísimo gusto sobre todo porque Blanca y María parecían complementarse y mientras con esta última podía prodigarme en darla repetidamente por el culo, a su hermana podía “clavársela” vaginalmente siempre que quisiera y porque a María me la follaba por la tarde mientras que con Blanca y Milagros me turnaba para tirarme a una de ellas por la noche y a la otra al amanecer. Pasadas las primeras semanas las propuse vivir de continuo juntos en mi domicilio, que era más amplio que el suyo, para favorecer nuestra actividad sexual. Las dos hermanas no dudaron en aceptar pero Milagros me dijo que, en su situación, iba a depender absolutamente para todo de su hijo y de sus padres que, a pesar del tremendo error cometido al dejar que un desgraciado abusara de ella y la dejara preñada sin querer hacerse cargo de las consecuencias de su acción, la seguían dando cobijo en su residencia pero que intentaría pasar con nosotros el mayor tiempo posible por la noche. En cuanto Milagros parió a una niña, tan esbelta y guapa como ella y superó su periodo de abstinencia sexual post parto, me encontré con otra “yegua” tan ardiente, guarra y viciosa como Blanca y María que, además, decidió que la hicieran la ligadura de trompas para poder disfrutar plenamente del sexo sin el menor temor a volver a quedar preñada. Con el nacimiento de su hija me encontré con un regalo extraordinario: la copiosa y exquisita leche materna que se la acumula en las tetas y que me encargo de sacarla de dos a tres veces al día puesto que la niña siempre ha preferido alimentarse a base de biberones. Después de algo más de un año de convivencia mutua, en el que las incontinencias y pérdidas urinarias de Blanca y los procesos diarreicos de María y Milagros siempre han estado a la orden del día, las tres han sabido explotar y sacar buen provecho de mi potencia sexual consiguiendo que, aparte de darme mucho gusto, cada día eche más de seis a ocho polvos que, algunos fines de semana en que realizamos sesiones conjuntas, son algunos más. Blanca, María y Milagros han aceptado de buen grado que me muestre fetichista y que coleccione sus prendas íntimas una vez usadas y sus “felpudos” pélvicos que, periódicamente, me gusta depilarlas y que me muestre un tanto sádico y violento con ellas especialmente cuándo las hago permanecer dobladas y con el culo en pompa para dedicarme a “restregar cebolleta”, como hice con María en el autobús el día en que la conocí pero sin ropa, hasta que me pongo lo suficientemente “burro” como para echarlas un montón de polvos mientras me hacen sentir una plena satisfacción sexual. En la actualidad y con intención de que Milagros pueda tener mayor libertad para pasar más tiempo con nosotros, estoy pensando en aceptar como mía a su hija y convertirme en su pareja aunque me temo que no me va a resulta fácil hacer que Blanca y María comprendan que sólo lo hago con el propósito de que pueda abandonar la protección de sus progenitores y de cubrir una relación que cada vez va a ser más sádica, sin que a ellas las perjudique en nada.

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