Relatos Eroticos

15 Febrero 2009

Abandonando el noviciado.

Archivado en: Relatos Reales — Etiquetas:, , , , , — Txema @ 3:57

Hola, no se crean que les voy a dar mi nombre, pero si de algo les sirve me pueden llamar “señorita S”. Actualmente me dedico a sencillamente vivir, pero hace algunos años atrás, siendo bastante joven, me encontraba como novicia de una congregación religiosa, tampoco les diré cual, ya que entiendo que eso facilitaría el que alguien me llegase a reconocer, y francamente ese no es mi verdadero interés. Para esos momentos era una novicia realmente inocente, fervorosa, y mi único interés era el llegar a hacer los votos. Pero, para bien o para mal, las cosas no se dieron, de la manera que yo deseaba en esos momentos. Me parece que todo comenzó, cuando apenas llevaba unas cuantas semanas en el convento, en la casa de mis padres yo era la menor, y desde temprana edad me acostumbré a desnudarme sin pudor alguno, frente a mis hermanas, mayores cuando me iba a dar un baño, o para ponerme la ropa de dormir sencillamente.

Por lo que cuando en el convento me tocaba bañarme, sencillamente me desnudaba y ya, sin malicia alguna, por lo general lo hacía sola. Pero en algunas ocasiones me tocaba compartir el baño con alguna de las hermanas religiosas. Yo no me había fijado, en lo extremadamente pudorosas que eran mis compañeras, algunas hasta se duchaban aun con un camisón puesto sobre ellas, mientras que yo lo hacía tal y como vine a este mundo. Cosa por lo que la Hermana Superiora de la Congregación no tardó en llamarme la atención, al principio creí entender el motivo de tanto pudor, pero al tiempo me pareció algo sumamente estúpido y sin sentido. Por lo que preferí siempre el bañarme sola, pero siempre alguna de las hermanas, y casualmente siempre eran las mismas tres personas que cuando me duchaba entraban al baño con alguna excusa tonta, al principio no le di cabeza a esa situación, hasta que noté la manera rara en que las tres me miraban cuando me encontraban duchando.

Para esa fecha digamos que se realizó una asamblea de la orden, por lo cual la mayoría de las hermanas, las que ya habían profesado sus votos, salieron de viaje. Yo como era novicia me quedé junto a un pequeño grupo, formado o por las muy viejas que no podían viajar, o por las que por otras razones no podían, y casualmente esas tres hermanas se quedaron en el convento. El primer día luego que nos habíamos quedado solas en el convento, cuando me fui a dar mi baño cotidiano encontré un letrero que decía que estaba dañado, por lo que cuando le pregunté a una de mis tres superioras donde me podía bañar, ella me tomó de la mano suavemente y me llevó a una casucha en la cual guardaban las herramientas del jardín, y en la que yo nunca había estado, al entrar me señaló una manguera y me comentó “las hermanas y yo nos duchamos aquí, no te preocupes por que nadie te va a ver” realmente la casucha estaba construida sin ventanas.

Tras pensarlo un poco y al momento que ella cerró la puerta y me quedé sola, decidí darme mi baño como de costumbre lo hacía. Pero me sentía en cierto aspecto como vigilada, por lo que pensé darme una ducha corta. Ya me encontraba comenzando a enjabonarme cuando la mayor de las tres entró distraídamente y sin percatarse de mí presencia se despojó de toda su ropa en cosa de segundos, al verme se sorprendió o por lo menos eso aparentó, pienso yo ahora. Pero contraria a otras ocasiones, no mostró nada de pudor al verme, todo lo contrario, se me acercó sumamente tranquila, y me preguntó si le permitía, que ella me enjabonase la espalda y que luego yo a cambio se la enjabonase a ella. Realmente no vi nada malo en ello, por lo que acepté.

Al principio la hermana María se limitó a sencillamente enjabonarme la espalda, pero a medida que lo hacía me fue diciendo lo tersa y suave que yo tenía mi piel, luego continuó diciéndome que yo tenía un hermoso cuerpo, y de igual manera yo también le comenté que el de ella también lo era, hasta esos momentos no vi nada de malo en lo que me decía. Pero a medida que me continuaba enjabonando la espalda pasó a enjabonarme los brazos, el cuello, las caderas, y cuando me di cuenta ya me estaba enjabonando los muslos y gran parte de mis nalgas, por unos instantes me sentí algo rara, pero era tan agradable, que la deje continuar enjabonándome todo el cuerpo. Hasta que sus manos pasaron rozando mi vulva, fue como un corrientaza que me recorrió toda. Yo cerré mis ojos, y procuré apartar su mano, pero con mucha suavidad y delicadeza, la hermana María apartó la mía mientras que yo me recostaba contra una de las paredes de la casucha.

Sus dedos mágicamente me volvieron a rozar entre mis piernas, y nuevamente sentí esa extraña sensación. La hermana María continuó pasando sus manos llenas de jabón por el resto de mi cuerpo, ya no había parte de mi piel que ella no me hubiera tocado. Por un corto rato se concentró en mis pequeños pechos, que a diferencia de los de ella eran bastante grandes, luego sus dedos volvió a pasarlos por sobre mis nalgas y hasta por dentro de ellas, mientras que yo me mordía los labios y me mantenía con los ojos cerrados por completo, sin saber realmente que hacer, para mi era toda una nueva y sabrosa experiencia la que la hermana Maria me estaba haciendo pasar. Como les dije en mi casa era la menor de todas, y apenas en esos momentos tenía un poco más de quince años, por lo que no sabía nada de nada, mi madre la pobre y apenas me comentó veladamente sobre los periodos o como le dicen comúnmente la regla.

Pero regresando a lo que nos ocupa, les diré que la hermana María continuaba acariciando todo mi cuerpo, cuando en cierto momento ella volvió a tomar la manguera y comenzó a echarme agua por todo mi cuerpo, mientras que con sus manos continuaba acariciándome todo el cuerpo. Yo permanecía recostada contra la pared, con mis piernas ligeramente abiertas, cuando sentí de repente algo extraño pero sabroso sobre mí vulva, para serles más exacta sobre mi clítoris, que en esos momentos no sabía ni como se le llamaba. Entre asustada y satisfecha por esa extraña sensación abrí mis ojos y vi sorprendida como la hermana María me pasaba su lengua por entre mis piernas, en ese instante lo primero que se me vino a la mente fue, que cochina era la hermana, pero al segundo pensé que cochinada más sabrosa me estaba haciendo con su lengua.

Mi cuerpo comenzó a moverse sin que yo lo pudiera controlar, era como una ola de placer que me abrazaba toda, me trataba se sujetar de la pared para no caerme al piso, lentamente me fui deslizando hasta que sin poder controlarme más coloqué mis manos sobre la cabeza de la hermana María, y con ellas la apretaba contra mi cuerpo desnudo, ella por su parte no dejaba de lamerme o chuparme toda mi vulva, en ocasiones levantaba su mirada y sus ojos como que habían cambiado de forma, me miraban de manera muy extraña, mientras que sus manos acariciaban el resto de mi cuerpo en particular los pezones de mis senos, que los sentía estallar en esos momentos. Me pareció que la respiración se me cortaba, y algo dentro de mí ser como que había estallado.

Jamás ni nunca había sentido eso en mi vida, aunque recién y me había bañado sentía todo mi cuerpo sudado, mi corazón latía como si hubiera corrido los cien metros planos, respiraba de manera rápida y entrecortada, me encontraba sentada sobre el piso de la casucha con mis piernas completamente abiertas y junto a mi la hermana María tan desnuda como me encontraba yo, ella se me acercó lentamente y sin decirme nada colocó su mano sobre la parte trasera de mi cuello, y sus labios sobre los míos, dándome mi primer beso en mucho sentidos, yo realmente me encontraba extasiada, mi boca se abrió apenas su lengua la misma con que me había lamido mi vulva comenzó a penetrarla, su mano izquierda no dejaba de acariciar mi vulva, sus dedos me provocaban una sabrosa cosquilla dentro de mi. Así permanecimos por un tiempo indeterminado, luego ella tomó una de mis manos, y la colocó contra su propia vulva, y con suavidad comenzó a restregarla contra su piel, todo eso lo hacíamos sin dejar de besarnos.

Entre besos y caricias, la hermana María condujo mi rostro directamente entre sus piernas. Nuevamente me asaltó la idea de lo cochino que era eso, pero de igual manera que lo pensé deje de hacerlo y procuré en lo que pude, imitar lo que ella me había hecho con su boca y lengua. Las dos nos encontrábamos en el piso de la casucha, completamente desnudas mojadas y acariciándonos, lamiéndonos las vulvas apasionadamente, lo único que deseaba era que ese momento no terminase jamás. Tras estar nuevamente un buen rato disfrutando y haciendo disfrutar a la hermana María, volví a sentir esa extraña sensación que hasta esos momentos para mi era completamente nueva, luego me enteré que había alcanzado el segundo orgasmo de mi vida.

Cuando las dos nos quedamos tranquilas, yo no sabía ni que decir y mucho menos que hacer, fue la hermana María la que nuevamente tomó la iniciativa, y comenzó a usar la manguera para mojar tanto su cuerpo como el mío, mientras que lo hacía me dijo, hermana S esto que ha pasado entre nosotras dos, espero que no se lo cuentes a nadie, y de sentir que debes hablar de ello con otra persona que no sea yo, vas y le pide confesión al Padre Jacinto, no se te ocurra ir donde el Padre Camilo. Al principio no comprendí del por que de sus palabras, yo me sentía tan contenta y tan alegre que pensé que todo el mundo debía saberlo, pero luego me di cuenta del por que de las palabras de la hermana María. Ya las dos nos encontrábamos casi vestidas cuando entraron las hermanas Visitación y Eulalia.

Nos vieron de manera extraña y se sonrieron pícaramente mientras que ambas se despojaban de sus hábitos, la hermana María me tomó de la mano y prácticamente me sacó a empujones de la casucha, mientras que yo miraba como las otras dos hermanas entre alegres risas mutuamente se enjabonaban. Ya afuera la hermana María me dijo, que lo que habíamos hecho es un pecado el de la lujuria, eso me dejó bien confundida, no le podía creer que algo tan bueno fuera tan malo, y al preguntárselo, como respuesta sencillamente me ordenó que fuera a confesarme con el Padre Jacinto. Ese mismo día fui donde el Padre Jacinto, a diferencia del Padre Camilo, el Padre Jacinto era mucho más joven, simpático, de porte atlético, con un rostro sencillamente hermoso, siempre andaba bien afeitado y peinado, hasta usaba perfume o seria la loción de afeitar la que olía tan bien, su sotana lucía impecablemente limpia y planchada.

En la comunidad estaba a cargo de la juventud católica, y de prestar apoyo a los pobres y desamparados. Mientras que el Padre Camilo, era gordo viejo y barrigón, en ocasiones pasaba días sin afeitarse, y en las tardes se reunía a tomar cerveza con los viejos del pueblo, aparte que cuando hablaba parecía que estuviera regañando a todo el mundo, aun cuando daba la misa. Le pedí confesión al padre Jacinto desde luego, y tras el correspondiente Ave María Sin Pecado Concebida, sencillamente le pregunté lo mismo que le pregunté a la hermana María, y tras explicarle los motivos de mi pregunta, prácticamente me dio una clase de sexualidad, finalmente me dijo que pudiera ser que en un futuro yo volviera a caer en el pecado, pero que estuviera conciente que mientras yo me sintiera a gusto con lo que hacía y lo hiciera de manera honrada, no debía sentirme mal por ello, pero que si debía reevaluar mi vocación, cosa que en el momento no comprendí.

Tras terminar con la confesión, me dio una pequeña penitencia y me despachó para que continuase con los oficios que tenía asignada, posteriormente me entró un sentido de culpa, por lo que había realizado en la casucha con la hermana María, y traté inútilmente de sacarle el cuerpo en un sin numero de ocasiones, pero ella siempre conseguía lo que deseaba de mí. Con el tiempo reevalúe mi vocación, y me salí del convento, pero antes de eso las hermanas María, Visitación y Eulalia compartieron conmigo un sin fin de ocasiones. La primera ves que estuve con ellas dos me agarraron en la casucha dándome otro baño, la hermana María había salido de viaje no se por que razón.

Yo estaba por terminar de bañarme, cuando las dos entraron muy sonreídas y alegres, yo me sospeché cuales eran sus intenciones, y procuré terminar rápido para que no sucediese nada entre ellas y yo, pero apenas terminaron de entrar cerraron la puerta con llave, mientras se desvestían Eulalia me preguntó cual era mi prisa, y le comenté que tenía que terminar de limpiar, Visitación se interpuso ya desnuda entre mi ropa y yo, diciendo. Hermanita S, déjate de actuar como una tonta. Al escucharla me dio mucho miedo, y ella continuó diciendo. O juegas con nosotras por las buenas o vamos donde la Madre Superiora con el cuento, de que no le haces casos, y te sigues bañando completamente desnuda. Además no está la hermana María para que te defienda. A medida que me hablaba se acercaba a mi, Eulalia ya se había despojado de su hábito y me cerraba el paso, me sentí acorralada, y me dio mucha vergüenza el encontrarme en tal situación. Visitación me dijo, déjate de tonterías, y ven para acá.

Agarrándome por uno de mis brazos, y pegando su cuerpo desnudo al mío, me puse a llorar mientras que Visitación me trataba de besar a la fuerza, y me apretaba los senos de igual manera. Traté de zafarme, pero Eulalia me tomó por la espalda, y no permitió que yo me pudiera mover. Visitación me decía, déjate de comportar como una niña pequeña, que Eulalia y yo sabemos que te entiendes con María, así que pon de tu parte o te aseguro que tanto ella como tú van a salir del Convento, al escuchar su amenaza, sentí que la tierra se abría a mis pies, por lo que dejé de resistirme. Entre ellas dos me continuaron acariciando todo el cuerpo, de manera brusca me tiraron al piso de la casucha, y las dos se me vinieron encima, mientras que yo continuaba llorando en silencio. Me hurgaron todo mi cuerpo con sus dedos bocas lenguas y labios. Al principio procuré no pensar en lo que me estaba pasando, pero me era imposible el hacerlo, y a pesar de ser en contra de mi voluntad, comencé a disfrutar lo sucedido.

Tanto Eulalia como Visitación continuaban sin soltarme lamiendo todo mi cuerpo y enterrando sus dedos dentro de mi coño, hubo un punto en que se me escapó un gemido de placer, y las dos al tiempo comenzaron a insultarme diciéndome, mosca muerta te haces la que no te gusta para que te demos duro verdad, yo traté de negarlo, pero ya la boca de Visitación se encontraba incrustada en mi coño, y me chupaba el clítoris como una salvaje, a lo que yo sin querer respondía moviendo mis caderas como una loca, Eulalia que me tenía pegada al piso abrió sus piernas y colocó su coño sobre mi rostro, diciéndome. Chúpamela perra, realmente no quería hacerlo, pero algo más fuerte dentro de mi me obligó a sacar mi lengua y pasarla por la húmeda vulva de Eulalia.

Esa tarde las tres permanecimos hasta casi llegada la noche dentro de la casucha, me obligaron a chuparles los coños a las dos, mientras que me continuaban insultando, luego una de ellas realmente no se cual, me ha introducido la manguera por el ano, llenando de agua mis tripas, al soltarme mientras que yo permanecía agachada botando todo, ellas dos mientras se vestían se estuvieron riendo de mi. Luego se marcharon diciéndome, que desde eses día en adelante yo era su esclava, en más de una ocasión me vejaron y me obligaron hacer cosas en contra de mi voluntad, todo eso sin que tuviera yo el valor de contárselo a más nadie.

Mientras que permanecí en la orden, se dieron un par de escándalos, uno fue el del Padre Jacinto, por el que la mayoría de las novicias y de las ya ordenadas suspirábamos profundamente, hasta que nos enteramos que lo habían trasladado a otra parroquia bien lejos o que había ahorcado los hábitos, luego la cocinera nos contó a las cuatro, que al Padre Jacinto lo había encontraron una noche, encerrado desnudo y borracho con dos hombres más, la malas lenguas dicen y la mía que no es muy buena lo repite, que uno de los hombres lo tenía clavado y no precisamente como a Cristo nuestro Señor en la Cruz, mientras que al mismo tiempo el Padre Jacinto lamía o chupaba la paleta al otro tipo.

El otro escándalo, era más bien una broma de mal gusto que corría por el pueblo sobre el Padre Camilo, el cual se atribuía ser un tremendo catador de vinos y licores, y al parecer el dueño del restaurante donde se reunía a charlar y beber, un día lo retó para que identificase distintas bebidas, y una a una las fue no tan solo identificando por su marca sino que además fue diciendo de que reserva era su origen, años de añejamiento y para demostrar su conocimiento podía indicar hasta la empresa que lo mercadeaba. El dueño del negocio se encontraba cabreado, ya que habían apostado una costosa botella de buen Oporto. Y en cierto momento le pidió a una sobrina de quince años, que estaba de visita en el pueblo que orinase dentro de una pequeña copa de cristal, la joven extrañada le hizo caso a su tío, y tras ir al baño regresó con la copa casi llena, el tío puso la copa en una hielera y al rato cuando la temperatura del liquido bajó se la entregó al sacerdote.

Padre Camilo primero, buscó el buqué como todo un profesional, levantó una de sus cejas, y luego le dio un pequeño sorbo, y tras mantenerlo en su boca por unos instantes y luego tragárselo dijo. Moza de quince años, virgen y definitivamente no es de mi parroquia. La verdad es que el Padre Camilo, fue la persona que me ayudo a que tomase la decisión de abandonar la orden, yo había escuchado el chiste sobre él, y en ocasiones se decía que él era el padrino de la mayoría de sus propios hijos, y otro montón de cosas más. Por lo que al no estar el Padre Jacinto, acudí a él como guía espiritual. Otra diferencia entre el Padre Jacinto y el Padre Camilo era su manera de mirarnos a las novicias, mientras que la mirada del primero era como si fuéramos sus iguales, y ahora entiendo el por que, mientras que las miradas del Padre Camilo parecían comernos con los ojos, pero según la Madre Superiora, el padre Camilo necesitaba lentes y no le gustaba usarlos, por eso miraba de esa manera, al forzar la vista.

Cuando le pedí confesión me indicó que nos pusiéramos a caminar por el jardín ya eran casi las ocho de la noche, recién y había terminado la misa, en el trayecto prácticamente me fue interrogando, hasta que no se por que razón precisamente decidí contarle todo lo sucedido entre las hermanas y yo, al terminar de hablar se me quedó viendo con esa extraña mirada, y luego me tomó por el brazo y me indicó que le mostrase donde había sucedido eso, yo asustada lo llevé hasta la pequeña casucha, y ya dentro me dijo que le demostrase como habían sucedido las cosas, realmente muerta de vergüenza y hasta bastante asustada por su manera de hablarme, comencé a demostrárselo sin quitarme el hábito, pero él de inmediato a manera de regaño me dijo. Así no, quítate toda la ropa como cuando lo hiciste la primera vez con la hermana María.

Casi llorando me desnudé del todo y agarré la manguera para continuar explicando lo sucedido, entonces el Padre Camilo se acercó y tomando la manguera con una de sus manos comenzó a preguntarme que más había pasado, yo aun llorando le expliqué que la hermana María me había comenzado a enjabonar la espalda, por lo que al mismo tiempo le di la espalda a él.

En ese instante mi cuerpo se estremeció al yo sentir una de sus manos gruesa y caliente que me acariciaba la espalda como si me estuviera enjabonando, al mismo tiempo me preguntaba que más había sucedido, yo le estaba diciendo como me sentía y me mando a callar, volviéndome a preguntar pero de manera más clara que había echo la hermana María, le fui diciendo que las manos de ellas me continuaron enjabonando la totalidad de mi espalda, los brazos, el cuello, las caderas, y cuando me di cuenta ya me estaba acariciando los muslos y gran parte de mis nalgas, como en su momento lo había hecho la hermana María, por unos instantes nuevamente me sentí algo rara, ya había dejado de llorar, era tan agradable, que deje que el Padre Camilo continuase acariciando todo mi desnudo cuerpo. Hasta que sus manos pasaron rozando mi vulva, fue como un corrientaza que me recorrió toda.

Yo cerré mis ojos, y procuré apartar su mano, pero con mucha firmeza y resolución, el Padre Camilo apartó mi mano mientras que yo nuevamente me recostaba contra una de las paredes de la casucha. Sus dedos mágicamente comenzaron a hurgar entre mis piernas, y nuevamente sentí esa extraña sensación. Él continuó pasando sus manos por el resto de mi cuerpo, ya no había parte de mi piel que él no me hubiera tocado. Por un corto rato se concentró en mis pequeños pechos, luego sus dedos volvió a pasarlos por sobre mis nalgas y hasta por dentro de ellas, mientras que yo me mordía los labios y me mantenía con los ojos cerrados por completo, sin saber realmente que hacer, para mi era otra una nueva y sabrosa experiencia la que el Padre Camilo me estaba haciendo pasar. Les diré que el Padre Camilo continuaba acariciando todo mi cuerpo. Yo permanecía recostada contra la pared, con mis piernas ligeramente abiertas, cuando sentí de repente algo extraño pero sabroso dentro de mí vulva.

Entre asustada y satisfecha por esa extraña sensación abrí mis ojos y vi sorprendida como él comenzaba a penetrarme con su cosa por entre mis piernas, en ese instante lo primero que se me vino a la mente fue preguntarme a mi misma que hacía el Padre, se había abierto la sotana y bajado los pantalones hasta la rodillas, era la primera ves que miraba a un hombre en tales fachas, por lo que no pude dejar de mirar esa cosa gruesa y larga que le salía debajo de su prominente barriga. Mi cuerpo comenzó a moverse sin que yo lo pudiera controlar, era como una ola de placer que me abrazaba toda, me trataba se sujetar de la pared para no caerme al piso.

En cierto momento sentí un raro dolor dentro de mi y me quejé con fuerza gritando un Hayyy de dolor, él me apretaba con fuerza contra su cuerpo, ella por mi parte no dejaba de moverme toda, en ocasiones levantaba su mirada y sus ojos como que habían cambiado de forma, me miraban de manera muy extraña, mientras que sus manos acariciaban el resto de mi cuerpo en particular los pezones de mis senos, que los sentía estallar en esos momentos. Me pareció que la respiración se me cortaba, y algo dentro de mí ser como que había estallado.

Jamás ni nunca había sentido eso en mi vida, sentía todo mi cuerpo sudado, mi corazón latía como si hubiera corrido los cien metros planos, respiraba de manera rápida y entrecortada, me encontraba completamente desnuda entre los brazos del Padre Camilo, pegada a una de las paredes de la casucha con mis piernas completamente abiertas mientras que él se movía para adelante y para a tras una y otra vez, yo le decía ahí, ahí, y ahí indicándole que continuase haciendo eso que tanto me había gustado, él acercó lentamente su rostro al mío y sin decirme nada colocó su mano sobre la parte trasera de mi cuello, y sus labios sobre los míos, dándome un sabroso beso, yo realmente me encontraba extasiada, mi boca se abrió apenas y su lengua también me penetró la boca, sus manos no dejaban de acariciar todo mi cuerpo, sus dedos me provocaban una sabrosa cosquilla dentro de mi.

Así permanecimos por un tiempo indeterminado, yo creía haber alcanzado la gloria, me sentía distinta, con ganas de gritar de alegría, y al mismo tiempo bastante agotada. Cuando terminamos, no dije una sola palabra, sabía ya que lo que habíamos hecho no era bien visto por el resto del mundo, sin decirme nada el Padre Camilo, agarró la manguera y tras abrir el grifo él personalmente comenzó a lavarme el coño, haciéndome disfrutar de otro grato momento. Al terminar él se arreglo sus pantalones y la sotana, dejándome sentada en el piso de la casucha tan desnuda como vine al mundo con un pequeño hilo de sangre saliendo de mi vulva, al rato yo misma me comencé a vestir. Desde ese día en adelante me convertí, por decirlo de alguna manera, en su mano derecha dentro de la congregación, en más de una ocasión él me obligó a que lo masturbase en el confesionario, y en otras tantas también se lo tuve que mamar, en el mismo lugar, además por lo menos una ves a la semana mantenía relaciones intimas con él.

La hermana María al igual que las otras dos, se habían dado cuenta de lo del Padre Camilo y yo, pero sencillamente pareció que era algo que ellas esperaban que sucediera. Con el tiempo tomé la decisión de no realizar los votos, ya aunque no lo crean soy muy católica, y entendía que no podía cumplir con el voto de castidad, que las otras hermanas lo cumplan o no, no es de mi incumbencia.

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