Relatos Eroticos

5 Junio 2010

La profesora con la que me lie sexualmente (9).

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Después de pasar juntos en el domicilio de la chica el periodo vacacional de Navidad inmersos en una frenética actividad sexual en la que Ana Rosa se prodigó en efectuarme unas exhaustivas cabalgadas anales, una noche en la que la joven me llevaba en su coche hasta la residencia de estudiantes en que me alojaba de lunes a jueves, me comentó que cada vez la costaba más superar los intensos escozores anales que sufría después de darla por el culo durante tanto tiempo hasta el punto de haber tenido que prescindir del tanga puesto que, como la había sucedido a mi madre, con el simple roce de la tela veía las estrellas. Para entonces y como lo poco gusta pero lo mucho cansa, comenzaba a estar un poco harto de que toda nuestra actividad sexual se centrara casi en exclusiva en metérsela por el trasero por lo que semejante confidencia me permitió indicarla que, además de un precioso culo tragón, estaba dotada de unas tetas prietas y tersas y de una abierta y apetitosa almeja, con el clítoris y los labios abultados, que podía atender de la misma forma que a su trasero. Ana Rosa se quedó pensativa y me respondió que, aunque la costara, iba a intentar complacerme pero que, antes y por si no era capaz de llevar adelante su propósito, tenía que oír su historia que he preferido transcribir en primera persona.

“Era aún una cría cuándo mis padres tuvieron que realizar un viaje que les iba a tener fuera de casa durante diez días y pensando que Blanca, mi hermana mayor, era lo suficientemente responsable me dejaron a su cuidado. La joven estuvo pendiente de mí y se esmeró hasta que el sábado, cuándo empezaba a anochecer, me dijo que me maquillara y que me vistiera en un plan bastante provocativo puesto que me iba a llevar a un “botellón” a orillas del río en el que lo pasaríamos muy bien. Como aquella iba a ser mi primera “experiencia social” importante hice lo que me había indicado e incluso, fui muy discreta cuándo, antes de salir de casa, nos llamaron mis padres por teléfono y se interesaron por conocer lo que habíamos hecho hasta entonces y lo que íbamos a hacer en adelante. Al llegar al lugar convenido nos encontramos con un amplio grupo de jóvenes, en el que los chicos eran mayoría, que no dejaban de beber, fumar y hablar sentados en unas grandes mantas descoloridas y viejas. Al principio todo fue de maravilla puesto que, al ser la de menos edad, me convertí en el centro de atención del grupo y en todo momento estuve rodeada de jóvenes que no dejaban de darme conversación mientras Blanca estaba pendiente de mi. Pero en cuanto el ambiente se fue “caldeando” y mi hermana empezó a separarse, comenzaron los problemas puesto que los chicos no dejaban de intentar “meterme mano” y me proponían alejarnos un poco del grupo para poder besarme, para tocarnos, para que les meneara la polla ó para “clavármela” vaginalmente. A pesar de que me daba la impresión de que aceptaban de buen grado mis negativas debieron de suponer que no estaba acostumbrada a beber y como allí el alcohol corría tanto como el agua del río, decidieron conseguir sus propósitos emborrachándome por lo que me fueron ofreciendo un combinado tras otro que, por aquello de aparentar ser mayor y no ser menos que ninguno de ellos, fui aceptando e ingiriendo hasta que me di cuenta de que la cabeza me daba vueltas y de que la vista se me empezaba a nublar mientras observaba que Blanca, totalmente desnuda y colocada a cuatro patas a pocos metros de mí, estaba comiendo el rabo a un chico mientras otro la tocaba las tetas y un tercero se la trajinaba por el culo. Sabía que no era ninguna reprimida y que la gustaba el sexo pero nunca había llegado a pensar que fuera tan puta. De repente noté que alguien me introducía sus manos por debajo de la blusa y que, subiéndome el sujetador, me sobaba las “domingas”. Como cada vez me encontraba peor y no tenía fuerzas para oponerme, permití que varios chicos me tocaran mis aún pequeñas tetas antes de que decidiera acostarme sobre la manta en la que habíamos permanecido sentados. Inmediatamente varios chicos se abalanzaron sobre mí y tras inmovilizarme, procedieron a desnudarme llegando a romper mi ropa interior al disputársela para quedarse con ella. Comencé a gritar y uno de los jóvenes me colocó su rodilla en el cuello y me dijo que me lo partiría si no me callaba y poco después, otro me obligó a ponerme en una posición similar a la del parto y colocándose entre mis piernas comentó que estaba buenísima. Mientras unos me besaban en la boca, otros se dedicaron a sobarme hasta la saciedad el chocho y las tetas. El que se encontraba entre mis piernas me acarició la masa glútea antes de comenzar a abrirme y cerrarme el ojete con sus dedos que, debo de reconocer, fue lo que más me gustó. Empezaba a sentir que se me humedecía el ano cuándo me tiré unos cuantos pedos. Algunos de los chicos se rieron de mi mientras otros me insultaron llamándome cerda y pedorra. El joven, después de mis ventosidades, no tardó en abrirme el ojete lo más que pudo y me metió dentro varios dedos con los que me hurgó con ganas y hasta con rabia, haciendo que liberara con suma rapidez el esfínter y que después de mearme, cosa que fue recibida con bastante júbilo por el grupo, me cagara. En cuanto me sacó los dedos, los chicos contemplaron la masiva salida de mi mierda que resultó bastante líquida mientras me insultaban llamándome, esta vez, cagona. En cuanto acabé de evacuar, el chico continuó abriéndome y cerrando el ojete hasta que, tras una larga y bastante sonora colección de pedos, me hizo ponerme a cuatro patas. Mientras medía docena de jóvenes me mantenían inmovilizada, dos se encargaron de tirar de mis tetas hacia abajo como si pretendieran ordeñarme, otro me sobó la raja vaginal y el que se había ocupado de mi culo, procedió a meterme hasta el fondo su estrecha pero bastante larga verga haciéndome un daño atroz. Grité pero uno de los que me estaba sobando las tetas me propinó una sonora bofetada y con su mirada pareció indicarme que recibiría más si no permanecía callada por lo que me mordí los labios e hice todo lo posible por aguantar. El que me estaba dando por el culo debía de estar muy salido y lleno de deseos de desvirgarme el trasero ya que apenas tuvo tiempo para moverse y “descargó” con mucha celeridad. En cuanto me sacó la chorra solté más caca en forma de pequeñas bolas. Algunos comentaron que aquello evidenciaba que me había gustado mientras otros las recogieron de la manta y me las hicieron comer con lo que terminaron de revolverme y devolví. Me daba mucha rabia haber perdido antes y de aquella forma, mi virginidad anal que la vaginal y comencé a llorar. Pero mi estado les tenía sin cuidado y después de hacer que me volviera a colocar en la posición inicial, otro joven se echó sobre mí y procedió a introducírmela en el coño teniendo la gran consideración de hacerlo con condón. Aquella experiencia me resultó desagradable y bastante dolorosa y encima el muy cabrón no tardó en quitarse la goma para poder echarme libremente la leche dentro de la seta. Pero, desde el instante en que me la sacó, empezó la peor parte de mi calvario puesto que mientras unos me sujetaban y otros me magreaban las tetas, tenía que ir chupándosela al resto que no dudaban en “descargar” e incluso mearse en mi boca mientras otro chico me cepillaba vaginalmente y a medida que iba pasando el tiempo su excitación disminuía y sus eyaculaciones tardaban mucho más en producirse lo que unido a su sadismo me hicieron llegar a desear que la policía realizara una redada por aquella zona. Las horas pasaban y aunque me encontraba exhausta, dolorida, incomoda y molesta siguieron sacando provecho de mí sin importarles que cada dos por tres sintiera arcadas y náuseas y que potara cada vez que me echaban la leche ó el pis en la boca. Cuándo Blanca se juntó al grupo para presenciar aquel espectáculo me vio totalmente entregada y rota pero, a pesar de ello, comentó que un poco más de “marcha” me vendría muy bien antes de que acceder a que dos de aquellos jóvenes se la “clavaran” al mismo tiempo por delante y por detrás. No sé la cantidad de polvos y de meadas que me habían echado cuándo decidieron que, al igual que a mi hermana, dos chicos me metieran el cipote por ambos agujeros para tardar en “descargar” mucho tiempo y acabar inmersa en toda clase de dolores anales y vaginales. Pero, no contentos con ello, me abrieron al máximo los labios vaginales y me metieron dos puños en la almeja para forzarme con saña. El dolor era tan intenso que, al no dejar de gritar, me amordazaron y como no podía parar quieta, entre su extrema brusquedad y mis movimientos, el chocho se me desgarró por la zona más próxima al ano. Al ver que sangraba y bastante, varios de los chicos se asustaron y se fueron pero otros aprovecharon para depilarme el “felpudo” pélvico y quedarse con él como recuerdo tirando de los pelos y sólo dos, viendo que Blanca no aparecía por ningún lado, decidieron llevarme hasta una clínica donde, desnuda, con hemorragia vaginal y tiritando de frío, me abandonaron a la puerta de urgencias. Les denuncié pero no sirvió de nada ya que, según me dijeron, no se podía hablar de violación puesto que había acudido voluntariamente a aquel lugar y podía entenderse que las relaciones sexuales habían sido consentidas pero, desde aquel día, decidí que ningún hombre me volvería a echar su leche en la boca ni a “clavarme” su polla vaginalmente mientras, quizás por haber sido con lo único que llegué a disfrutar, comencé a sentirme muy atraída por el culo y por la caca decidiendo que iba a sacar todo el provecho posible tanto del mío como del de los demás.”

Después de escucharla, la dije que, al menos debía de intentarlo y la propuse follármela por vía vaginal los martes, viernes y domingos y darla por el culo los miércoles y sábados siempre que se comprometiera a hacerme disfrutar los lunes y jueves “cascándomela” y efectuándome, una y otra vez, mamadas lentas, metiéndose el nabo entero en la boca para mantenerlo allí hasta después de echarla la leche. La joven, a pesar de reconocer que lo que más la iba a costar era el recibir y tragarse la lefa, aceptó pero poniéndome la condición de que las primeras semanas fueran de prueba; que si veía que no era capaz de soportarlo y rendir satisfactoriamente volveríamos a nuestra actividad sexual anterior y que, como culminación de las mamadas y pajas, también pudiera depositarla mi semen en su cara, sujetador, tanga, tetas y por supuesto, en la zona externa de su coño. De esta manera y sin que llegaran a surgir más contratiempos que el miedo y el temor que Ana Rosa tenía al pensar que la iba a hacer mucho daño ó que la iba a volver a desgarrar la seta, me la empecé a tirar también por delante. Al principio se lo hacía con mucha delicadeza y tacto pero, enseguida, comprobé que, con mis movimientos de mete y saca circulares, se volvía loca, “rompía” con suma facilidad y se convertía en una autentica maquina alcanzado el clímax, echando una cantidad ingente de “baba” y meándose de gusto en cuanto sentía caer en su interior mis copiosas y largas raciones de leche y de pis con lo que, después de tener unas intensísimas convulsiones pélvicas, llegaba a disfrutar de dos orgasmos prácticamente consecutivos.

Pero, la “clavara” el pene por delante ó por detrás, nuestra actividad sexual continuó de igual forma, es decir, antes de cenar la echaba un par de polvos y una meada y después de la cena, me ocupaba unos días de lamerla el ojete y otros la mamaba las tetas mientras, acariciándoselo, la ponía bien “caldosa” la almeja antes de volver a meterla la picha y cepillármela hasta soltarla otros dos polvos y una nueva micción que la noche de viernes y sábados solían ser cuatro y dos meadas para, durante el fin de semana, volver a repetir al despertarnos, después de comer y al acostarnos.

Continuará.

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